martes, 11 de agosto de 2026

A la niña de la foto...


Hace tiempo que tengo la idea de retomar la vieja costumbre de comentar lo cotidiano en esta página. La fecha no es coincidencia, y no sé hasta cuándo llegará este arranque de hacerle caso a mi entorno y a mimisma de darle a las teclas.

Hoy es un buen día para empezar, porque esa niña de la foto hoy está cumpliendo años, cumpliendo vida y, a esa niña de la foto, quiero decirle, quiero contarle que no tenga miedo, que al final las cosas van bien. Que tendrá muchos obstáculos en el camino, muchas piedras y muchos fracasos, pero que ella es tan terca, tan cabeza dura que los irá superando uno a uno.

Que la vida se va a empeñar en complicarse, pero tú eres más fuerte y tes empeñarás en salir adelante.

Que el viento, normalmente no te soplará a favor, pero que tienes las alas bien grandes y cosidas para poder enfrentarse a las tormentas y huracanes.

Que te tocará vivir muchas situaciones, que en su momento te parecerán fuertes, pesadas y te harán pensar si tanto esfuerzo y lucha valen la pena. Sí, todo valdrá la pena. Porque cada una de ellas te harán más fuerte y porque cada lagrima derramada te traerá muchas más risas.

A la niña de la foto, quiero decirte, pedirte, que creas más en ti y déjate llevar más a la aventura. Deja que la vida, de vez en cuando, te sorprenda. Calcula menos, planifica menos, vive más. Porque al final es lo que te llevas y, como dicen por aquí, cuando llegue ese final, nadie te va a quitar lo bailao’.

Quítate los zapatos y camina descalza, siente la hierba, la tierra, la arena y la arenilla en los pies. Que no pasa nada, al contrario, fortalece las piernas. Baila, salta, canta y corre, sin miedo a hacer el ridículo y a que te digan loca, porque la cordura está sobrevalorada.

Aprende a vencer la timidez y deja de escuchar, de vez en cuando, esa vocecita que te exige perfección y que te dice que nada de lo que hace es válido. No te exijas tanto, porque la perfección también está sobrevalorada y, a veces, es precisamente en la imperfección en donde está la belleza.

Se vale equivocarse, se vale ser débil, se vale llorar.  No pasa nada, porque todo eso es inherente al ser humano.

Que ser orgullosa, tener ego y tener carácter no está mal, como te harán creer toda la vida. Porque es, precisamente ese orgullo, ese ego y ese carácter el que te mantendrá a flote. Déjate querer y déjate cuidar, que eso no es fragilidad.

Aprenderás muy rápido a perder a seres queridos y no siempre tus seres queridos morirán de viejos.

Te mudarás un titipuchal de veces y en una de esas mudanzas cruzarás el Atlántico y dejarás atrás todo lo que conocías hasta el momento, para construir, desde cero tu vida. Creerás que te derrumbas y que no puedes más. Eso también lo superarás.

Ponte bien el cinturón de seguridad y ajústalo, que en esa nave con la que transitas, vivirás crisis económicas varias, huracanes dos o tres, un aviso de tsunami (falso) y una pandemia (real. Muy real).

Te enfermarás de cosas, que, según tus amigos, los médicos “no se curan, tienes que aprender a vivir con ello…”. Ninguna grave, hasta donde sé.

Sufrirás de mareos toda tu vida, es lo primero con lo que tendrás que aprender a lidiar. Con 10 años te dará tu primera crisis asmática; con 20 tu primera migraña; con 22 te diagnosticaran miopía; con 42 te enteras de que tienes una desviación en la columna de nacimiento, y es entonces cuando entiendes, porque tu hoy esposo, decía que caminabas con “un swing”; que con 50 te dio tu primera crisis de rosácea; y que con 57 no quieres ir al médico, para no salir con otro “tienes que aprender a vivir con ello”

Que te graduarás a pc del colegio con 18 años, con unas notas cuestionables, pero en la universidad te irá bastante mejor. Que con 45 años te aficionarás al ganchillo y con 48 años darás tus primeros pasos en la pastelería. Que aprendes a montar patines y a andar en bicicleta con 12 años y que te sacas el carné de conducir con 27 años en República Dominicana y en España con 37. Que tu primer coche te lo comprarás con 27 años y tu primer móvil te lo asignarán tu padre y tu marido con 28 años.

Que le tienes terror subir a una escalera plegable, porque sabes subir, pero ni de coña sabes bajar. Que detestas ir al baño en la madrugada, porque te da miedo. Tampoco puedes dormir con el pie fuera de la cama, por la misma razón.

Que te encanta tu casa, decorarla, limpiarla; que prefieres las plantas naturales, aunque se te dan entre mal y muy mal; que no sé si los anturios te tienen manía o eres tú que le tienes manía a ellos, solo sé que, el rojo, se te muere desde que cruza el umbral de tu casa. Que te flipa la Navidad, tanto como los bolsos, los zapatos y los accesorios (nunca son, ni serán suficientes). Que eres una obsesa de la limpieza y el orden (nunca está totalmente limpio y organizado).

Que no te gusta maquillarte, ni coger sol, ni ir a la peluquería. Que eres de pocas palabras, que vas de frente y cuando hablas lo haces alto, claro y directo (no siempre gusta. Casi nunca gusta. Nunca gusta). Que no tienes muchos amigos/as, pero los que tienes cuentan contigo y tú con ellos/as. Que no te gusta hablar por teléfono y que prefieres dar a recibir. Detestas ser el centro de atención.

Que tu primer merengue lo bailarás con 13 años y tu primer contacto con el alcohol (muy poquito, de momento) es con 18 años; que no sabes bailar salsa y la bachata se te da regulinchi, igual que el pasodoble y la jota asturiana. Que no tocas ningún instrumento, aunque te regalan una guitarra con 12 años. Que te encanta la música y que disfrutas desde un reguetón, hasta una pieza de Vivaldi. Que cantas a todo pulmón, aunque desafines y bailas hasta los anuncios.

Que te gusta disfrutar de un café, un vino y un culin de sidra en buena compañía, y que prefieres comer salado a lo dulce, aunque prefieres cocinar lo dulce a lo salado.

Que te casarás con tu mejor amigo con 27 años; tendrás tu primera hija, la niña más hermosa y perfecta que tus ojos habían visto, con 28 y con casi 30 conocerás al segundo amor más grande de tu vida. Que formarás una familia imperfectamente perfecta y que cambias el título de la universidad por el oficio de ser madre y nunca te arrepentirás de ello.

¿Qué más puedo decirte? Seguro se me quedan muchas cosas más por contarte, pero ya te las iré diciendo a medide que me acuerde, aunque no sea 11 de agosto.

En conclusión, niña de la foto, serás muy feliz, porque el viaje, TU viaje, será alucinante: vive sin miedo, ama sin temor y comete la vida a cachinos. ¡¡¡Feliz Cumpleaños!!!

Atentamente,

YO