Adiós al verano, al calor y a los
días largos. Hola al otoño, al fresquito y a los días cortos.
Adiós a los vestidos de tirantes,
pantalones cortos y sandalias. Hola a los abrigos, botas, gorros, guantes y
bufandas.
Adiós a la playa, arena y
bikinis. Hola a los centros comerciales, calefactores y térmicas.
Adiós a las terrazas, cervecitas
y sidrinas. Hola a los bares, al chocolate con churros y a los cocidos.
Adiós al buen tiempo y a las
tormentas de verano, que nos dieron alivio en los días de mucho calor. Hola a
esa llovizna fina, que no moja, pero empapa y que en mi cédula llaman jarina y
en mi DNI orbayu; aunque la jarina es más gruesa que el orbayu y el orbayu más
persistente que la jarina. Ambas empapan igual.
Gracias verano del 2026…
Gracias por tus tres meses brillantes y los días calurosos, que, aunque nos fastidiaron un poco, porque
este año fueron muchos y muy, muy calientes, estoy segura de que, en algún
momento, entre el otoño y la primavera, los echaré en falta.
Gracias porque este año, además de tu sol, tu calor y tus largos días, también nos regalaste una estrella, que le pese a quien le pese, nadie nos la va a quitar y la sufrimos, pero también la bailamos, la cantamos, la saltamos y la estamos disfrutando, y como dicen por aquí “que nos quiten lo bailao…y lo cantao’ y lo gozao’. Me quedaste debiendo un eclipse total de sol, pero eso, casi, es más culpa de Asturias que es mucha Asturias, que tuya.
Gracias por las fiestas de prao' y los conciertos al aire libre. Por los almuerzos lentos y las sobremesas largas; por los días en calma y ligeros de ropa y de compromisos.
Dice la canción “…no
quedan días de verano, el viento se los llevo…”.
Poco a poco todo se pone en
marcha, y contrario a los osos que van a hibernar, termina nuestra
“hibernación”, ese alto al "ajore" del día a día, y empiezan las prisas, el trabajo, los colegios e institutos y los embotellamientos en las horas pico. Regresamos a la sobriedad, seriedad y rigidez que
dan los días de fríos. Salimos de nuestro letargo vacacional y entramos, sin
mucho entusiasmo, al corre corre de la vida.
Toca empezar a prepararse y a
mentalizarse, tal cual lo hacen los árboles, las aves y los campos, para darle
la bienvenida al otoño y sus largas noche y sus ya días frescos.
Toca disfrutar de los colores
rojos, amarillos y naranjas con el que se visten los árboles y recoger las
hojas que van perdiendo. Es tiempo de castañas y de sidra dulce. Es tiempo de
las mejores lunas y los atardeceres más bonitos.
Toca sacar de los armarios las
botas, jerséis, cuellos cisnes, guantes, gorros y bufandas, las colchas y
mantas. Porque, mientras los árboles se van quedando desnudos de hojas para dar
paso al invierno, nosotros, a medida que se acortan los días, crecen las noches
y corre el calendario, nos vamos agregando capas de ropa para vestirnos y capas
de ropa para arroparnos, hasta parecer unas cebollas o un muñeco relleno y
mullido al que solo se le ve la cara y de cuestionable movimiento.
Adiós verano 2026. A ti no te
veremos más, pero dejas tres de meses de fiestas y páginas llenas de momentos,
historias y anécdotas que quedarán para siempre en forma de recuerdos y de
fotografías.
Hola otoño 2026. Bienvenido, por delante nos quedan tres meses para conocernos y para llenar de momentos, historias y anécdotas tus páginas con recuerdos y fotografías.

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