miércoles, 2 de septiembre de 2026

Rodando por España...

 


Hace unos días estamos, Coko Peña y yo, de viaje por la zona del Levante (Alicante, Castellón, Valencia...), mi marido por trabajo, yo por acoplada. Somos turistas. Salimos a conocer, cuando él termina el día laboral, como turistas y tomamos fotos como turistas. Nos portamos como turistas, móvil con buena cámara en mano, para captar todo lo que podamos.

Una de las cosas que más me han llamado la atención, a parte de las zonas naturales, edificios históricos y lugares de interés, es la cantidad de “influencers” que nos vamos encontrando en el camino. Ahora tomarse una foto, para ellos es un ritual y para los demás un verdadero ejercicio de control y muestra de educación, paciencia, perseverancia, resistencia y persistencia. Hasta una hora están venga a tomar foto y venga a posar de tal o cual manera: la mano así, el pelo asao, el piecito levantado, así como si yo no me diera cuenta, modelando, modelando como sin modelar, posando y como si no posara…en fin.

En una de las visitas de las que más me han chochado, concretamente a la Lonja de la Seda en Valencia, estuve 15 minutos esperando que una pareja, no de jóvenes, NO, dos personas ya entrada en cierta edad, terminara de tomarse fotos para yo tomar solo una. Ahí estaba yo de pie, pacientemente, esperando hasta que tomaran la foto definitiva que llegó como en la número 20 que se tomaban, ya se ponía uno, ya se ponía el otro, consultaban si les gustaba y venga a posar, otra vez. Así como 10 minutos, y, cuando marchan, finalmente, y pongo mi cámara para tomar ESA única foto, otra pareja, más joven que la anterior, pero tampoco dos jovencitos, él que se atraviesan en mi objetivo para posar para una foto, bajé el móvil y, ya sí, sin el más mínimo asomo de paciencia, con poca educación y visiblemente irritada (recuerden que yo llevo subtítulos en la cara), le miro, directamente, y digo “en serio”. La mujer, que se da cuenta, le pide que se aparte y yo, en un segundo, que fue lo que me tomó, encuadrar y dar al clic, tomé mi foto y marché, no sin antes decir indirectamente directo, YA ESTÁ, y dedicarle una mirada de esas con subtitulo incluido.

Digo, que yo entiendo que el lugar es para llevarlo en foto, que hay que posturear, que hay que posar, pero 30 minutos, una hora en un mismo lugar, mientras ves que hay personas esperando por ti ¡Vamos, un poquito de por favor! como decía el otro.

Qué bonita aquella época en que, para hacer una sesión de fotos a modelos, tenías que pedir permiso al ayuntamiento o a la policía local, porque ibas a obstaculizar la zona. Ahora llegan, siendo influencers (palabro este que detesto con todas mis fuerzas), creyendo que son verdaderas estrellas,  móvil en mano, un trípode y ahí una hora, como si nada, mientras los demás seres mortales lo único que queremos es una foto para que ese lugar no se nos quede solo en la retina.

Yo seguiré rodando, hasta llegar a mi casa, que espero ya sea a final de esta semana. Mientras tanto, agua, ajo y pechuga…y muuuuuucha paciencia, respirar profundo y contar hasta 1000 si hace falta, para tomar la foto que quiero. Eso cuando no lo dejo por la paz y marcho, que ya, si eso, vuelvo al rato a ver si ya, como una simple mortal, un ser sencillo y anónimo de a pie, puedo tomar la dichosa fotito. Eso si me da por deshacer lo andado.

Mientras tanto, a rodar...