lunes, 29 de julio de 2013

Hoy quiero...


Hoy no quiero levantarme...

Hoy no quiero bajarme al mundo...

Hoy no quiero subirme al tren...

Hoy no quiero izar mis velas...

Hoy no quiero navegar en contra corriente...

Hoy no quiero pensar en mañana...

Hoy no quiero mirar el ayer...

Hoy quiero pensar solo en presente...

Hoy quiero olvidarme del tiempo...

Hoy quiero dejar que los minutos corran y las horas se pierdan...

Hoy quiero sentarme a ver, observar y disfrutar...

Hoy quiero escapar y dejarme llevar...

Hoy quiero quitarme los zapatos y caminar descalza...

Hoy quiero arribar al puerto que las olas dispongan...

Hoy quiero ser irresponsable y portarme mal...

Hoy quiero romper las reglas, violar las normas y saltarme las leyes...

Hoy quiero cantar, bailar, reír y llorar...

Hoy quiero mi habitación desordenada...

Hoy quiero pronunciar las palabras prohibidas y hacer lo “no correcto”...

Hoy quiero ser otra y mañana...ya mañana recuperaré la normalidad.

martes, 23 de julio de 2013

Cuando me vaya...


Cuando me vaya, me llevaré las risas y las lágrimas de felicidad.

Me llevaré los besos y los abrazos fuertes.

Me llevaré los "te quiero" sinceros y las palabras dulces.

Me llevaré las miradas limpias y los pasos firmes.

Me llevaré mil canciones de amor y otras mil para bailar muy juntos.

Me llevaré los zapatos de tacón y las sandalias de verano.

Me llevaré el color del Mar Caribe y una puesta de sol en mi Malecón.

Me llevaré el sonidos de los pájaros y el aroma de las flores.

Me llevaré el cielo azul y las nubes blancas.

Me llevaré una luna llena y miles de estrellas.

Me llevaré los juegos, los cantos y las riñas de mis hijos.

Me llevaré el olor del café recién colado y el de las sábanas recién lavadas.

Me llevaré los panes con tomates y las reuniones de familia.

Me llevaré las ventanas y las puertas abiertas.

Me llevaré un arco iris, un amanecer y un aguacero tropical.

Me llevaré las manos entrelazadas y cuatro pares de pies bajo la colcha.

Me llevaré las palabras que no dije y los secretos que no conté.

Cuando me vaya, me llevaré todas las pequeñas cosas que el dinero no puede comprar.

Cuando me vaya sólo me llevaré los buenos recuerdos, los buenos momentos, las buenas personas y las palabras positivas. Lo demás...lo demás se lo dejo a quien lo quiera comprar.

...Cuando me vaya...

miércoles, 17 de julio de 2013

Felicidades pequeño...


Hoy estas de cumpleaños. Hoy cumples trece añitos. Hoy estas, oficialmente, en los “teen”, como bien dijo tu padre. 

Hace trece años te tuve por primera vez entre mis brazos. Hace trece años disfrute de tu carita, tus ojitos, tus manitas, tus piecitos. Todo perfecto, todo suave, todo hermoso. 

Hace trece años fui, por segunda vez, la mujer más feliz sobre la tierra. Hace trece años, volvía a abrazar y a besar un pequeño ser salido de mi ser. 

Llegaste a iluminar, junto con tu hermana, mi vida, a completarla, a llenarla, a hacerla mas perfecta, mas feliz. No sabía que podía se ser más feliz, estar mas completa, sentirme mas llena, hasta que te vi, hasta que te abracé, entonces comprendí la capacidad de amar sin medidas que tenemos las personas. Tú, junto a tu hermana, me enseñaron que se puede amar a alguien, más que a tu propia vida. 

Hoy estas de cumpleaños, y espero que tus días sean hermosos y llenos de luz, que el sol brille para ti siempre... 

Hoy estas de cumpleaños, y espero que, aunque pasen los años, no pierdas la capacidad de amar, de sonreír, de vivir, de ilusionarte, de jugar... 

Hoy estas de cumpleaños, y espero que, aunque te hagas mayor, me sigas abrazando, me sigas besando, me sigas apapuchando... 

Hoy estas de cumpleaños, y quiero que sepas que te amo, que los amo, a ti y a tu hermana, mas que a nada en el mundo. Que los amo por encima de mi, de mis miedos, de mis dudas, de mis sueños, de mis ilusiones. Porque mi único miedo es que me falten, porque mi único sueño es ayudarlos a crecer, porque mi única ilusión es verlos felices, realizados, viviendo en un mundo perfecto...aunque para ello, tenga que dibujárselos cada nueva mañana. 

Hoy estas de cumpleaños, hoy estas celebrando tus trece años, hoy quiero que seas feliz el resto de tu vida, que disfrutes el día a día, que vivas a plenitud, que respires profundo, que abraces la vida, que le bailes a los problemas, que le sonrías a las dificultades. 

Felicidades mi querido y amado pequeño...porque sabes, no importa cuántos años cumplas, siempre serás mi pequeño. Te amo.

sábado, 13 de julio de 2013

Soy como soy...


“...soy como soy,
 No quiero parecerme a ti,
Soy como soy,
No digas que no lo advertí.
Dulce, independiente,
Frágil, pero fuerte
Diferente que
suerte ser como soy...”

Me encanta esta estrofa de la canción de Edurne, mas que nada porque me parezco a ella. Soy como soy, soy única e irrepetible. Las hay más guapas, más simpáticas, más inteligentes, más altas. También las hay más feas, más odiosas, más tontas, más bajitas...pero como yo: NINGUNA. Mis padres cuando me hicieron rompieron el molde, igual que todos los padres del mundo, con todos los hijos del mundo. Es lo maravilloso de la vida, que no hay nadie igual a otro.

Te puedo caer mejor o peor, pero ni por ti, ni por nadie voy a dejar de ser quien soy. Soy llorona, caprichosa, mañosa, meticulosa, perfeccionista, y un coñaso cuando se habla de limpieza y orden. Me gusta sonreír, abrir las ventanas y disfrutar del día. Soy amiga de mis amigos e incondicional de mi familia. Me gusta dormir hasta tarde, me gusta discutir, y sobre todo, me gusta llevar la razón. No me callo ante nadie, tampoco rindo pleitesías a nadie...si no te gusto, ya sabes lo que hay que hacer: AIRE!!!

Tengo mis propios problemas y, a veces, no los comparto con nadie. No te equivoques si me ves siempre sonriendo, porque como dice una frase famosa en las redes sociales, sonreír no significa que no tenga problemas, si no que soy capaz de vivir por encima de ellos y de aplastarlos con esa maravillosa curva hacia arriba dibujada debajo de mi nariz.

Maridalia Hernández dice en una canción “...para quererme hay que entenderme, para amar mi libertad, hay que encerrarse en mi prisión...”. Para criticarme hay que conocerme, para juzgarme hay que calzar mis zapatillas, para condenarme hay que haber recorrido mi camino. Si no me conoces, si no te has puesto en mis zapatos, si no has andado mi camino, no me critiques, no me juzgues, no me condenes. Porque soy como soy y seguiré siendo así pese a ti, a aquel, a aquella...y pese a todos.

He dicho.

sábado, 6 de julio de 2013

Viaje en voladora...

Típica "voladora"

Hace unos días teníamos que ir al centro comercial, y como el día estaba tan guapo, Flobre y yo decidimos irnos dando un paseo. Para ello dejamos el coche y nos fuimos en el autobús: sin prisas, sin agobio y disfrutando del sol y de la tranquilidad de que vaya otro conduciendo. Fuimos y volvimos sin ningún problema, el autobús pasó a su hora sin retrasos, nos sentamos cómodamente y sin atropellos, íbamos hablando y nos escuchábamos. Hacía mucho tiempo que no usaba el transporte público de este lado y de regreso pensando precisamente en que tenía tiempo sin subirme a un autobús, me vino a la memoria la última vez que me subí a uno en Santo Domingo...bueno, que no se puede llamar autobús, porque autobús es el de aquí, los de allí son “Voladoras”, y SÍ, VUELAN!!! 

Hay que, ya no digo vivir allí, pero pasar un buen tiempo para ver cómo es nuestro transporte público, disfrutar de él, utilizarlo y saber lo magnifico que es subir limpia y planchadita y bajar estrujada y oliendo a pueblo.

Cuando iba a la Universidad y en mis primeros años de trabajo solía usarlo con frecuencia, y era una prueba a la fortaleza, al deseo de superación y a la tenacidad de sacar una carrera adelante tener que usarlo diariamente. Recuerdo subirme a “conchos” lo que aquí en España elegantemente llamamos “Taxi”, cuyo tanque de combustible se encontraba en los pies del chófer, justo al lado de los pedales; estaban los que la puerta no cerraban y su dueño, en un derroche de ingeniería, dobla una varilla para cerrarla a modo de gancho; también recuerdo salir de mi casa con un paraguas porque llovía a cantaros y no podía perder clases, montarme en el carro público y comprobar tristemente que adentro llovía mas que afuera. Y no hablemos de que no valía mucho la pena bañarse antes de salir de casa, porque bien podías llegar a tu destino con el mismo olor del o los amigos que se te sentaron al lado. Tenemos los motoconchos, que como su nombre lo indica, son motores que se dedican al transporte público y que son una iniciativa singular no sé si de los dominicanos o de los latinoamericanos en general y que son mas bien para trayectos cortos, allí donde no llegan los conchos...estos nunca lo utilicé, gracias a Dios, pues no me imagino yo en la cola de un motor abrazando a su conductor!!! 

Y como dije al inicio están nuestros particulares y singulares autobuses o mas bien autocar: las voladoras, donde meten 120 personas donde caben 60 y a la que el chófer la lleva a una velocidad tal que parecería que lo único que tiene por delante es la felicidad. Y este es, precisamente, el tema: el día que se me ocurrió montarme en un pájaro de estos. La diferencia de tomar un carro público y montarse en una voladora es el mismo que coger un taxi o esperar el autobús: es mas "económico". Si optas por el carro público, lo mas probable es que tengas que pagar un pasaje o dos, dependiendo qué tan lejos vayas; en la voladora pagas un pasaje y llegas hasta dónde ella llegue. 

Aquella tarde estaba yo en la oficina tan ricamente sentada detrás de mi escritorio, tranquila trabajando mientras disfrutaba de mi soledad y de mi aire acondicionado, cuando se me ocurrió la brillante idea de llamar a Flobre y decirle que no me fuera a buscar, que ya me iba yo con una de las compañeras de la oficina. Por aquel entonces sólo teníamos un coche y yo tenía que esperar que él saliera de trabajar para que fuera a por mi, y yo, aquella tarde, quería llegar temprano para planchar...sí, sí, para planchar. Dejé mi silla ergonómica y confortable y mi tranquila oficina y me entregue a la aventura para IR A PLANCHAR!!! 

Cómo tenía años de no coger un carro público y más de subirme a una voladora, tuve que preguntarle a mi compañera el precio del transporte, mas que nada para no pasar vergüenza y pensarán que yo era toda una pija...bueno, mas bien comprobaran que yo era una pija. Resuelta me fui hasta el lugar donde se cogen las voladoras, que no vayan a creer ustedes que es una parada, umm, umm, es cualquier esquina que al chófer le parezca, da igual que haya semáforo, paso de cebra o cualquier otra cosa que pueda impedir esa parada en cualquier otra parte del mundo. 

Nos subimos al bicho en cuestión, gracias a Dios encontramos donde sentarnos, porque de repente a aquel lugar empezó a entrar un número de personas en cada parada, que llegué a pensar que terminarían sentadas unas encimas de otras...cosa que mas adelante comprobé. Sin embargo lo que mas me preocupaba era a la velocidad a la que iba, a mil por horas, y la forma de frenar de repente y sobre el coche de delante, que con una mano mas de pintura chocaban seguros.

El recorrido era bastante considerable, por avenidas principales y a hora punta, con lo cual en cada esquina que se paró a montar y desmontar pasajero el dichoso vehículo y que frenó con todo su ímpetu, me daba un pequeño ataque al corazón. Lo que mas "disfruté" fue de lo folclórico del pitcher, así se llama el tiguere que va en la puerta, siempre abierta, y que va gritando ¡KILOMETRO, KILOMETRO!, mientras silva y aporrea la carrocería, encargado él de cobrar y de "sentar" a los pasajeros.

A lo que iba, mi desconcierto y el terror se iban apoderando de mi en cada frenazo y cada vez que arrancaba y tomaba velocidad, o sea, que si no había quedado algo claro en la clase de inercia de Sor Inma, ahí se me despejaron las dudas. No podía dejar de pensar en mis hijos y lo pequeños que eran para quedarse huérfanos, porque ríanse, pero yo estaba segura que aquella tarde moriría sin más a manos de aquel chófer endemoniado en aquel vehículo del infierno. No voy a entrar en el detalle, que ya dentro, me di cuenta que no me había quitado la gargantilla, los anillos, aretes y brazalete que me había regalado mi, casi viudo esposo para el día de mi cumpleaños y que era una hermosa combinación de los tres oros engarzados entre sí. Al pensar en lo que podía suceder si alguien de los allí presente se antojaba de ellos, me entraron escalofríos y vértigo, traté de no pensar en esa posibilidad y sí en tratar de llegar viva a mi destino, tratando de viajar en un bajo perfil y como "ajena" al mundo, mientras iba contando los minutos, segurisima que eran los últimos de mi vida; tampoco voy a entrar en el detalle de los olores varios que allí se respiraban, pues estos no se describen, éstos hay que olerlos... 

Finalmente llegue a mi destino, la voladora paraba justo delante de la entrada de mi portal, pero yo decidí quedarme antes, una esquina o dos, porque ya que había llegado viva a ese punto no quería seguir tentando la suerte, aproveche a alguien que gritó ¡"CHÓFER, LA PRÓXIMA"!. Además pensé que igual convenía que me aireara un poquito y soltara algún que otro tufillo que se me hubiese pegado en el camino. 

Llegué a mi casa, valiente yo, decidida yo, con el único propósito de "bajar" toda la ropa que tenía por planchar antes de que llegará Flobre con los peques que estaban en casa de mami, quien vivía a escasos 5 minutos caminando desde mi puerta hasta la suya, para lo cual tenía una o dos horas. Meto la llave, abro la puerta, entro en mi casa y enciendo la luz, para mi agradable sorpresa de que ¡¡¡NO HABÍA ENERGÍA ELÉCTRICA!!!, se había "ido" no sé para dónde la verdad y no tenía hora de regreso. Con lo cual mi travesía, mi viaje infernal, mi baño de pueblo fue total y absolutamente en vano.

Como buena dominicana, lo tomé con filosofía, porque otra cosa no, pero a tomarlo con filosofía lo aprendemos a puro coñazo desde que nacemos, me bañe, ya saben por mi olor a pueblo, me vestí, agarré mi bolso y me fui a casa de mi madre a ver a mis hijos y a esperar a su padre...ya habría tiempo para cagarse en to' el vivo, mientras planchaba el viaje de ropa que tenía en el canasto.

Para los que no lo saben, porque para saberlo hay que vivirlo, en algunos países, incluido el mío, por alguna razón que todavía no entiendo, mas que nada porque estamos en pleno Siglo XXI, la “luz se va”, y qué significa esto, que no importa que la pagues religiosamente, hay unas horas en el día en que sabes no cuentas con ella porque "se la llevan". Esto sucede a cualquier hora, cualquier día del año, sin previo aviso y puede ser desde 15 minutos sin luz, hasta...hasta que llegue, en una, dos, tres horas...o días, eso dependerá de lo grave de la avería de la planta o de lo que les de la gana de hacer a los tíos que la controlan, esto tampoco lo tengo muy claro.Ojo, que si no la pagas puntualmente, te la cortan...

Españoles, turistas de todo el mundo, que República Dominicana es esto, junto a otras cosillas, NO Punta Cana. Esta es nuestra realidad, esa es mi gente...y como dice una canción ochentera: El dominicano tiene un brillo...y un agujero en el bolsillo..."

Hasta otro encuentro ;)

domingo, 16 de junio de 2013

Las bicicletas son para el verano...


Sí señor!!! Este debe ser el titulo de alguna película o algo parecido, porque es que me ha salido bien, bien. Tanto que casi me siento orgullosa de él!!!

No sé si en realidad las bicicletas son del verano o no, puede que sea realmente el título de una película o de algún libro, o tal vez es que he tenido la inmensa suerte, prefiero llamarle bendición, de nacer en un lugar donde hay un verano eterno, donde puedes ir a la playa cuando se te antoje, salvo tormenta tropical, entonces te bañas bajo la lluvia y te lo pasas igual de bien. Lo que si sé es que nunca me he sentido mas dueña del mundo, mas libre y mas autosuficiente que cuando voy montando bici y el aire me golpea la cara y me alborota el pelo. 

Mi bici, la única de verdad mía que he tenido me la regalaron precisamente en un verano, creo que por haber pasado el curso. Eran tres bicis, una para cada una, la de Angie y la mía del mismo tamaño y de color rosa con blanco; la de Lourdita no recuerdo el color, pero me imagino que era azul, su color favorito y venía con canasto y dos rueditas. 

Con doce o trece años no sabía montar, nunca me había montado en una. Pero siempre he sido decidida y aprendí, vaya si aprendí, porque si los otros aprendieron y saben, yo no iba a ser menos. Me caí, me raspe las rodillas, le dañe las flores a mi abuela cuando me abalance sin control sobre ellas, me seguí cayendo y caí cientos de veces y otras tantas me puse en pie, me limpié las rodillas y entre los gritos de "Teresa, te vas a matar!!!" de mi abuela lo intenté hasta que la dominé...como debía de ser. 

No me tomó mucho andar echando carreras con mis primos alrededor de nuestra casa en la Lincoln. Me inventaba mil y una aventuras sobre ella, podía vivir una mañana en la casa de la pradera, andar por bosques llenos de misterios o ser perseguida por un oso peligroso, todo dentro de los límites de los jardines de mi precioso hogar. 

Aquellas bicis pasaron a otras manos, no voy a contarles el cabreo que pillé con mi madre, quien SIN PERMISO, ni autorización alguna de sus dueñas las vendió, vendiendo con ella mi primer vehículo de transporte. Su excusa, que ella las había comprado y por lo tanto ella podía venderlas...algo que todavía hoy me lo encuentro sin sentido, porque me la había regalado, por lo tanto era mía y aún hoy creo que lo suyo era, por lo menos, informarme de su decisión. Vale que daba lo mismo, porque yo me iba a cabrear igual y ella la iba a vender de todas formas, pero lo que es justo es justo.

Me encanta esa sensación de libertad sobre dos ruedas y pedalear y pedalear sintiéndome la dueña del mundo. Sin embargo tengo años, y cuando digo años, me refiero a años, muchos, muchos años que no monto en bici como cuando era niña, o soltera con el único compromiso real de sacar mi carrera adelante. 

La última vez, creo, si mi memoria no me falla fue cuando, casi, casi, no vivo para contarlo. Se me había metido en la cabeza que estaba gorda, cuando todavía no había comprobado que estar gorda era otra cosa y no esas onzas de mas que hacían que los jeans size 7-8 no me cerrarán como cuando me los compré. Como estaba “pasada de peso” decidí irme a montar en bici cada mañana, para ello me levantaba temprano, antes de empezar el trabajo diario de sacar la tesis de grado a tiempo para graduarnos; me vestía y alegremente cogía la bici de mi padre, a la cual me daba cierto trabajo subirme y algo mas controlarla, sin embargo con el tiempo y mucha maña nos habíamos llegado a entender. Me iba al mirador y lo paseaba sobre aquella dos ruedas por dentro; adoraba aquel paseo matutino, parecía estar en una peli de esas gringas, rodeada de arboles y sonido de pájaros. Al ser temprano en la mañana, la temperatura era agradable, y con mi walkman amarillo de la Sony, por una hora me sentía la dueña del mundo. En aquel entonces no la conocía, pero si hubiese tenido que ponerle melodía a ese momento, sería la música de “Verano azul”. 

Aquella mañana, me acompaño Lourdita, mi hermanita, mi favorita porque no me decía que no a nada, se apuntaba a un bombardeo conmigo, todavía hoy lo hace. Ella tenía su bici adecuada a su edad, a su tamaño y rosa porque era niña, nada que ver con la de carrera profesional de mi padre que me quedaba “grande”. Luego del paseo matutino, y de disfrutar del verde, del olor a hierba y del trinar de los pajaritos, volvimos a casa, íbamos montadas las dos, cada una sobre sus dos ruedas, ella iba delante de mi, dobló hacía la derecha y siguió montada para coger la cuesta que nos llevaba al residencial donde viven mis padres. Recuerdo perfectamente, cuando la vi tan segura, decirme a mi misma: Mimisma, si ella puede, que es mas pequeña que tú, tú también puedes coger esa cuesta sin peligro. Claro, con lo que no contaba es que ella SÍ dominaba su bici, porque era la de ella, no la de su padre que le venía grande. Con lo que muy resuelta, muy yo y muy segura, doblé la esquina y enfilé hacía la cuesta sobre mis dos ruedas de carrera profesional. 

Lo siguiente fue perder el control, no saber como frenar y estamparme en la esquina con todo y bici sobre un árbol. Lo que vino a continuación lo tengo un poco vago, recuerdo que me levanté y que un señor se acercó a ayudarme, me preguntaba donde vivía y yo le decía que a mi casa no, que mi madre me iba a matar; dentro de mis nervios y mi miedo, me tocaba la cara y decía, mi cara, me la he dañado y me miraba el hombro y sólo podía pensar en el vestido de la boda de mi prima, la primera de nosotras que se casaba, que era con los hombros descubiertos y yo, mi hombro, lo tenía hecho polvo. Mientras yo estaba en “mi mundo”, Lourdita, cuando se dio cuenta de mi “accidente”, de la impresión se desmayó; con lo cual llegamos a casa una desmayada, otra accidentada y un señor, que no me acuerdo ni de la cara, ni del color, ni de nada, que nos llevo junto a las dos bici, al tiempo que intercedía por mi ante mi tía, para que no me riñera porque yo estaba “muy nerviosa” y no “es culpa de ella...perdió el control y se accidento”. 

Aquella fue la última vez que monté en bici, en parte porque mi madre al enterarse puso el grito al cielo, en parte porque mi pierna y mis hombros habían quedado guapos, guapos y tenía que recuperarme y en parte porque dejé que la vida me arropara con sus prisas, con sus problemas y con “las responsabilidades” que ya empezaban a asomar la cabeza. 

Desde entonces no he encontrado ni el día, ni el tiempo, ni el deseo, ni la bici, para retomar una de las cosas que mas me gustan en la vida. Lo que si que no pierdo es la esperanza de volver a montar en bici, pero esta vez acompañada de mi familia...eso sí, ahora sí que le pondré la melodía de fondo de la serie “Verano azul”. 

Nos vemos en otra noche sin dormir...

sábado, 25 de mayo de 2013

Mamita querida...


Hoy voy a dedicar este espacio a mi madre, a ninguna otra mujer, por muy madre que sea, por mucho que la quiera y por mucho que tenga que agradecerle. Hoy es sólo para ella... 

Quien me enseñó que los obstáculos están para superarlos, no para lamentarnos por ellos. 

Quien nunca me dijo “mi pobre hija...” porque nunca me miró con ojos de lástima... 

Quien me dijo que la vida no es fácil, que hay que luchar, que nos caemos y que tenemos que levantarnos y seguir adelante... 

A quien debo mi fortaleza, porque me dijo que ser fuerte era mi única opción... 

Quien me cosió alas fuertes para volar bajo cualquier cielo... 

Mi madre es una mujer maravillosa, a quien la vida le ha golpeado por donde mas duele, pero a quien vi recuperar la sonrisa. Cuando siento que no lo he tenido fácil, pienso en ella y me digo que no tengo derecho, y por ella, porque se lo debo y porque lo aprendí viéndola levantarse, una y otra vez, sonrío y sigo adelante. 

Me enseñó: 

 A no guardar rencor, porque me daña el espíritu... 

A no perder la fe, porque es la que me da la fortaleza... 

A poner la otra mejilla y a dar una lección de humildad... 

A secar mis lágrimas y seguir adelante... 

A perdonar, porque eso me hace grande... 

A ajustar mis velas y continuar navegando en mares revueltos...

A creer, a confiar, porque si ella es capaz de hacerlo, yo no soy quien para no hacerlo... 

A amar a mi prójimo, a practicar la caridad, a ayudar y a dar mi mano a quien lo necesita, sin esperar nada a cambio... 

A sonreír aunque la vida me golpee, porque sí, porque ella lo hace, porque tiene una sonrisa amplia, limpia y sincera... 

Mi madre es una mujer de puta madre, que es mucha mujer, mucha madre, mucha Yolanda... 

Esto va pa’ti mami, porque te amo, porque me amas y porque me has hecho esta mujer que soy, mas o menos buena, mas o menos amable, mas o menos humilde, pero fuerte y llena de coraje y valor para ver a la vida de frente, como tú lo has hecho. 

Feliz día de las madres, Yolanda, eres una madre a todo dar...las habrá mejores, las habrá peores, pero como tú NINGUNA!!!