jueves, 1 de octubre de 2009

La herencia de mis padres

La herencia que me dejaron mis padres, será la herencia que les dejaré a mis hijos. Mas que una herencia es un legado. Mis padres me dejan: una buena educación, y cuando hablo de buena educación, no me refiero a haber estudiado en el mejor colegio y en la mejor universidad; esto es solo un complemento. Porque es que ser educado no es tener las paredes llenas de títulos. Ser educado es saludar al llegar, dar las gracias, respetar y cuidar a nuestros viejos, no tocar lo ajeno, pedir disculpas cuando hemos cometido un error, pedir permiso al pasar, respetar al prójimo sin importarnos ideologías políticas o religiosas, sin importarnos su color de piel o su equipo de fútbol favorito. Es que ser educado no es un título que podemos obtener en un centro educativo, es el título que nos dan nuestros padres. Esta es la herencia de la que les hablo, ese es el legado que quiero dejarles a mis hijos. En esta entrada me apoyaré en unos artículos que escribe Alexis, el papá de Gabriela, una compañerita del cole de Ma. Eugenia en Santo Domingo.

De lo primero que les hablare, es de mi papel de madre. Soy la madre de mis hijos, no su amiga: los educo y les riño como su madre, les hablo y les aconsejo como su madre y los abrazo y los beso como su madre. Por esto, a veces soy la mas buena y la mas guapa; otras soy la peor persona del mundo.

Recuerdo una ocasión, siendo Ma. Eugenia muy pequeña, apenas sabía hablar, yo le había reñido por algo que hizo mal, ella me dijo: “yo soy un regalo de Dios, y tu no puedes maltratarme, porque Dios no quiere que me maltrates, Dios quiere que me quieras y me cuides, para eso Dios me regaló a ti”. Tenía apenas tres años cuando me dijo estas palabras. Yo me quedé mirándola, primero asimilando lo que esa niña de apenas tres años estaba tratando de hacer, manipularme con las palabras que yo le decía desde que era un feto: “Eres mi regalo, el regalo que el niño Jesús me envía por adelantado. Eres mi muñeca que Papa Dios me regaló para yo jugar con ella”. Luego de asimilarlo le respondí: “Si, es cierto que Papa Dios me dijo que eras un regalo y que tenía que cuidarte; pero también me dijo: este pequeño regalo que te doy es para que le cuides y le protejas; pero tienes la misión de sacar algo bueno de ella; tienes que lograr que sea una persona de bien”.

Desde entonces, mis hijos, han tratado de manipularme mas de una vez: “me voy de casa y no vuelvo mas”, la mami que les saca afuera con lo puesto y dejándolo fuera le cierra la puerta; “voy a hablar con la trabajadora social para buscar una mama mejor”, la mami que le lleva al día siguiente a la puerta de la trabajadora social y le dice que le toquen para que entren a hablar con ella; “eres la peor mama que pude tener”, la mami que responde “pues te jorobas, porque aún después que me muera, continuaré siendo tu madre”; y así infinidad de cosas que tratan de hacer, como hijos, para manipularnos a nosotros, sus padres; está de nosotros dejar que lo hagan.

Otro punto es el tema de esas “tonterías”, como son sacapuntas, lápices, borras, reglas, etc., que aparecen en las mochilas de nuestros hijos, que nosotros no les hemos comprado y a la que les damos poca o ninguna importancia; esas “tonterías” que con los años y la edad, se convierten en los grandes desfalco a los bancos. Me pueden llamar exagerada, pero en algún momento empezamos a torcer las ramas. Esto me lo hizo entender mi madre, cuando tenía yo alrededor de nueve años.

Recuerdo que mi madre regresó de trabajar y encontró entre mis útiles escolares un sacapuntas amarillo, de plástico, de estos de “para tirar, luego de usar una vez”; me preguntó, dándome el beneficio de la duda: “¿De dónde sacaste esto, Teresa?, Yo, creyendo engañarla, le dije: “es mío, tu me lo compraste”; vuelta a empezar: “Yo no te compré esto, ¿qué de dónde lo sacaste? Yo sin otro remedio, confesé y le respondí que se lo había cogido a una “amiguita” sin que se diera cuenta. Les aseguro que, en ese momento, habría preferido tres correazos a lo que vino luego: Se le desorbitaron los ojos, se le enrojeció la cara, se le saltó la vena aorta, y casi, casi echo espumas por la boca y encorvándose hasta colocar su cara frente a la mía y marcando con el dedo índice cada sílaba, me dijo:

“¡¡¡¡QUE SEA LA ULTIMA VEZ, LA ULTIMA, ME ENTEDISTE!!! QUE SEA LA ULTIMA VEZ, MARIA TERESA DIAZ VAZQUEZ, QUE TU HAGAS ALGO COMO ESTO. ¡¡¡ESO ES ROBAR!!! Y EL QUE ROBA ES UN LADRON. SI USTED COGE UN ALFILER, UN ALFILER QUE NO SEA SUYO ESTA ROBANDO. Y EMPEZAMOS ROBANDO UN ALFILER Y TERMINAS ASALTANDO UN BANCO. ESCUCHASTE LO QUE TE DIGO, NO LO VUELVAS A HACER, PORQUE NO SE LO QUE PUEDA SUCEDER. Y ¡¡¡MAÑANA VAS, LO DEVUELVES Y PIDES DISCULPAS, Y QUE NO ME ENTERE YO QUE NO LO HICISTE, PORQUE YA TE ENTERARAS TU!!!!” .

No tengo que aclarar, que después de esto, soy incapaz de llevarme un clip de la oficina sin sentir que soy una ladrona vulgar y corriente. Como madre me toco vivir un momento similar a este con Ma. Eugenia; hacía poco que habíamos llegado a Asturias y vivíamos, aún, en la aldea donde nació mi padre; mis tíos vivían mas abajo y siempre íbamos de visita en las tardes. Una tarde, ya en la casa, me doy cuenta que Ma. Eugenia tiene unos céntimos en la mano; le pregunte que de dónde los había sacado, y como entonces respondí yo, me contestó ella: “son míos, tu me los diste”; volví y le dije: “NO CARIÑO, YO NO TE LOS HE DADO, DIME ¿DE DÓNDE LOS SACASTE?”; ella me contestó que los había tomado de la mesa del comedor de la tía Mily.

Se hizo un remake de aquella situación, y como todo remake que se respete los personajes cambiaron; ahora aquella niña era la madre y la niña era mi hija. Y con la misma reacción de mi madre, los ojos rojos, la vena aorta a punto de estallar, tirando espumas por la boca, y con sus mismas palabras, reprendí a mi hija; al otro día tocó bajar a la casa de la tía, tocó devolver los céntimos, tocó pedir perdón y tocó hacer una promesa pública de que no lo volvería a hacer.

Hoy yo soy la mala, porque hoy yo soy la mama. Un día, yo no entendí a mis padres, pero les aseguro que les agradezco cada castigo, cada riña, cada tortazo, porque hoy soy lo que soy, gracias a ellos. Estamos en la época en la que hay que tener cuidado en la manera de corregir a nuestros hijos, porque pueden “quitárnoslo” si les pegamos; Y así va el mundo, los niños son unos malcriados y nunca mejor dicho, y los adolescentes son insolentes, no respetan ni a sus padres, ni a sus viejos. ¡Ojo!, No quiero que confundan corregir con maltratar; no me gusta pegar, no voy de acuerdo con esta forma de educar, pero si tengo que propinarles un tabanón para educarles, les aseguro que se los daré; como decía una profesora que tuve: “mas vale un bofetón a tiempo, que veinte a destiempo”.

El legado que les dejaré a mis hijos es el que me dejaron mis padres a mi: los haré persona de bien, me cueste lo que me cueste. Solo espero que ellos hagan lo mismo con sus hijos.

Para mi Maruchi y mi Jose. Les quiere mucho, Mami.

lunes, 20 de julio de 2009

La Familia, Mi Familia......

Que es la familia?, es esa que te heredan tu padre y tu madre a través de un árbol genealógico?; todos esos que llevan tu misma sangre?; con las que compartes tus apellidos y partes de tus genes?

Para mi la familia es la mano que te sostiene, el hombro donde puedes llorar; un punto de descanso en el camino; es una suave brisa que te despeina; es la risa, el llanto, la riña, las peleas y reconciliaciones; es esa que sabes que no te fallarán y con los que cuentas aún cuando estés lejos, los que sabes que te querrán a pesar de tus muchos defectos; es la tarta de tu cumpleaños; es la algarabía; es el calor de verano; es la cena de navidad y jugar al angelito en familia; es la "chercha" en el hospital; es el día de reyes; es arlequín en el teatro de la ciudad; son los personajes de Disney que bailaban sobre hielo;es un domingo en la playa, los castillos en la arena o las figuras de nubes en el cielo; contar “cepillos” en el carro de camino a casa; jugar al escondite o al béisbol con tus primos; las peleas entre hermanas o las diferencias con tus padres; tres camas con una colcha rosada en una habitación; cada uno de los cumpleaños de tus sobrinos y cada uno de los dientes que mudaron y que tu no pudiste ver; es tu primer coche; tu primer novio; tu primera desilusión; ese examen de la universidad que no pudiste aprobar; los pasillos del colegio y esas monjas con las que creciste; es la película romántica; es el día que nacieron tus hijos; cada lágrima que derramas, cada carcajada que sueltas; es la canción que mas te gusta y el programa que mas disfrutas; es la casa de tus abuelos; es el jardín de la casa grande; los pájaros que te despertaron en los días de tu niñez; es el río de la casa de tu madrina y el agua cayendo sobre su techo de zinc; el mar azul que te sala la piel, un paseo por el malecón; es un vaso de agua cuando tienes sed; un baño bajo la lluvia; es el café en la galería de la casa; es un jugo de tamarindo, una limonada, una champola o el guarapo de piña; son el aguacate, la guayaba y el mango; es el “mangú” con pollo al horno de cada domingo en “la lincoln” o los panes con tomate en casa de la prima; es la piscina y las habichuelas con dulces en Semana Santa; es tu padre que te apoya, tu madre que te riñe mientras desorbita los ojos; tu abuela que te cuida, la tía que te mima y la que te compró los zapatos de tus quince años; el tío que te llevó a ver “El Señor de las Bestias” o con el que viste la única película que has visto de “Stars Wars”, o con el que ibas de paseo a “Los Mameyes”, o el que vive en Nueva York y al que has visto poco en tu vida; es el esposo de la prima de tu madre que disfruta viéndote cabreada; es la tía de los bizcochos y el tío zapatero, que aún no siendo nada tuyo, sus hijas son tus hermanas y su casa es tu casa; son esos hermanos políticos a los que llamas cuñados y a los que, a veces, has querido matar; es el jugo de cereza, los panes de maíz y los morir soñando en casa de tu suegra; la “Presidente” que te guardaba tu suegro los sábados que comías en su casa; tu cuñada la que no tiene mucho juicio y la que se toma la vida con mucha filosofía; es la coca cola, la gelatina y los helados de los domingos en las tardes antes de ir a misa; es el tren debajo del árbol de navidad o el belén en el salón de la casa; el pino que te recibe cuando llegas o el “cepillo” amarillo de tu suegro, en el que tantas veces te montaste; es el esposo de tu cuñada al que entiendes poco, pero igual le quieres; ese sobrino que no besa a casi nadie y a ti te da besos sin ningún problema o el sobrino al que te llevabas de bebé de paseo a todas partes cuando te dejaba su madre.

Y es que la familia no es sólo la sangre, el árbol genealógico, o esas personas con los que compartes ADN; ni se compone de tierras, ni herencias absurdas de dinero. Es mas que todo esto. Es un núcleo, pero es tu núcleo, tu bunquer, esos que te protegen y a los que proteges; es la persona que está a tu lado, con los que compartes penas y alegrías, peleas y abrazos, risas y llantos; los que están aunque no estén; es saber que no estas sola en el mundo, porque al cruzar el charco están ellos, todos ellos: Tu Familia!!!

A todos ustedes, un beso y un abrazo!!!!

viernes, 17 de julio de 2009

De mami a sus niños.....

You are my sunshine,
My only sunshine
You make me happy
When skies are gray
You'll never know,
dear How much I love you
Please don't take my sunshine away

He dejado muchas cosas en el camino, con el único propósito de ser madre y dedicarme en cuerpo y alma a mis dos soles. Olvidé mis sueños, aparqué mis proyectos y encerré mi carrera en una cajón de la mesita de noche. Deje de ser Mari, para convertirme en “la mamá de Maru” y en “la mamá de José”. Ya no soy María Teresa, la licenciada, la gerente, la profesional, la ejecutiva; hoy sólo soy “mami”, la que riñe, la que educa, la que guía, la que cuida; soy la cocinera, el chófer, la profesora, la enfermera, la psicóloga, la amiga, la enemiga, la Rottenmayer y la niñera de mis hijos.

Que si me siento frustrada, a veces sí; que si sigo teniendo sueños, claro que si; que si cambiaría algo de mi, NO. Mis hijos son todo para mi, son el porqué, el motor, los culpables de que me despierte cada mañana y piense que realmente vale la pena vivir. Quiero que mis dos peques sepan que no me arrepiento de nada, que soy feliz tal como estoy; que me quedo con ellos, a su lado y a sus pies, como dice Ricardo Montaner en una canción; quiero que estén absolutamente convencidos que, de tener otra oportunidad, volvería a vivir cada uno de los minutos pasados a su lado, porque son maravillosos, porque están llenos de vida, porque están llenos de risas, lágrimas, riñas y momentos llenos de pequeños instantes que valen la pena cualquier sacrificio.

Que las cicatrices de mis cesáreas son mis dos mas grandes premios; que no me da vergüenza lucirlas, me llena de orgullo poder decirles a los que preguntan, cuando llevo bikini, que son mis dos summa cum laude, que la de mas arriba es el de la licenciatura y la de mas abajo es la de la especialidad de la carrera mas hermosa que pude escoger; la que mas satisfacciones me ha dado y por la que he recibido el mejor y mas valioso de mis salarios.

Que las hora mas felices son las que empleé amamantadoles, jugando y acariciándoles sus pequeños pies; que disfrutaba bañarles y antes de cambiarles acostarme con ustedes y sentir su piel, lo que me llevo a mas de un accidente; que fueron como dos pequeños muñequitos con los que disfrutaba jugar a ser mamá; que me acuerdo perfectamente de sus primeras palabras, del sonido de sus risas, de su llanto, de la sensación de tenerlos por primera vez en mis brazos, de cada una de sus enfermedades, de cada uno de sus logros, de cada una de las pequeñas cosas que, como bebes les hacía especiales.

Hoy son dos niños felices, a pesar de las muchas cosas que les ha tocado vivir; son dos niños perfectos y estoy orgullosa de ser madre de dos criaturas absolutamente maravillosas. Hace casi once años que me graduaste como madre, y quiero que sepas que fuiste una niña hermosa, que mamá naturaleza te hizo tal cual te había soñado; que cuando te miraba en tu cunita no podía evitar llorar, porque te miraba y te veía tan perfecta, tan hermosa, tan mía, que la emoción me traicionaba.

Quiero decirte que aunque te riña, eres mi niña favorita en todo el mundo, que me encanta el híbrido que hay entre la niña pija y la niña hippie que hay en ti; que aunque no me gusta el rosa, me gusta que te guste; que disfruto mucho verte llenandote de “mis joyas” como tu le llamas, y que me preguntes que si te lo voy a dejar todo cuando me muera; que tienes una risa que siempre ha hecho que brille el sol; que sepas que aunque te escuche decir que me mandarás a una residencia cuando sea una vieja, o que me mandarás a Barcelona a vivir con mi tía, dudo mucho de que eso sea verdad, porque con solo dos añitos fuiste capaz de cuidarnos una fiebre a tu padre a tu hermano y a mi; porque te clavas a mi lado cuando me enfermo; porque te preocupa cuando comes en el comedor del cole, porque yo estoy en casa comiendo sola; porque te mortificaba el hecho de que tomara el café sola por las tardes......y porque, a pesar de tu carácter, tienes un corazón enorme, porque eres noble y tienes una inocencia que espero siga ahí aún cuando pasen los años.

A ti, que mañana cumples nueve años, te digo que fuiste un bebé perfecto, que naciste hermoso, que te pareces a papá, incluso desde las sonografías; que llenas mi vida con cada una de tus ocurrencias; que disfruto cuando te veo jugar; que el mundo se me ilumina cuando veo tus ojitos y escucho tu risa; que, al igual que tu hermana, eres mi niño favorito del mundo mundial; que me enternece el nivel de nobleza que hay en tu corazón, porque amas hasta el dolor, porque eres capaz de llegar al sacrificio por los seres que amas; porque me enorgullece ver como quieres y proteges a tu hermana y como nos quieres a nosotros; porque, cuando la una me dice que me enviará a la residencia, tu me dices que me llevarás a vivir contigo; porque cuando te cargo como a un niño pequeñito, me dices que cuando yo sea una viejecita que ya no me pueda valer, tu también me cargarás y me cuidarás como yo le he hecho contigo; porque eres una extraña combinación entre tu abuelo Eugenio y tu padre, para mi dos hombres perfectos y dignos de admirar; porque eres un niño absolutamente fabuloso y has sido, junto con tu hermana, la mayor bendición de mi vida.

Quiero que sepan que siempre contarán conmigo, que estaré ahí aún cuando no se los diga. Que no importa lo que hagan, ni lo viejos que sean, siempre serán mis niños. Que espero sean felices siempre, que nunca pierdan la fe y la esperanza en la vida, que siempre vean el mundo como el lugar maravilloso que es; que sean capaz de vivir en armonía con ustedes mismos y con los demás; que logren el equilibrio perfecto al que aspira todo ser humano; que encuentren la otra mitad que les complementará en su vida de adultos; que crean en los Reyes y en Santa, no importa lo que les digan los demás......recuerden que es cuestión de ilusión; que la felicidad no es un estado, es un fin y que está llena de pequeños momentos construidos por nosotros; que sean capaces de hacer limonada con los limones que les da la vida, que son muchos; que vivan cada minuto como el único y el ultimo, recuerden que cada instante es importante; que disfruten con plenitud de sol, de la lluvia, de la montaña, de la playa, del campo, de la ciudad; que se apoyen como hermanos toda la vida, y que sepan perdonarse uno al otro; que den gracias a Dios por todo, todos los días, porque a veces no entendemos su designios, pero contar con El es importante para seguir adelante......en resumen, que sean felices no importa cuanto se empeñe la vida en lo contrario.

Les quiero mucho, no lo olviden nunca......

martes, 16 de junio de 2009

Un dolor llamado "Ninín"....

Que puede contar la mujer que soy hoy, de lo que recuerda la niña de doce años. Realmente tenía menos cuando le conocí, era el segundo de mis hermanos, no me acuerdo cuándo llegó a la casa, cuándo lo trajo la mami en los brazos. Si que recuerdo la cuna, con el mosquitero blanco adornado con lacitos azules y unos diminutos muñequitos en forma de bebé. Ahora no sé si es que lo recuerdo o es que las fotos de aquel entonces logran que estas imagenes se queden en mi memoria.
Es difícil hablar de mis días con él, de niño no sé como era; mis padres dicen que era un niño muy callado y muy tranquilo; a mi madre aún se le escucha decir, con un dejo de dolor en sus palabras: "de los cuatro, era el que mejor comía....", encerrando éstas su todavía amargura palpitante y su incredulidad ante lo que tuvo que vivir.
Yo no puedo decir si era tranquilo o inquieto; si fue un niño travieso o si de mayor hubiese sido este o aquel tipo de hombre. Me gusta soñar, a veces, con las novias que hubiese traído a casa, con la mujer que hubiese elegido como esposa o con los sobrinos con los que me habría hecho tía; también juego con el tipo de profesión que hubiese estudiado, porque él quería ser bombero o policía, para ayudar a los buenos y encerrar a los malos.....así era nuestro Ninín.
El tenía cuatro años, cuando mi memoria empieza a recordar. Había pasado la semana santa y volvimos todos al colegio. Justo aquí empieza la historia, que terminaria dos años mas tarde, cuando el apenas tenía seis años y medio.
Para entonces Ninín era un niño hermoso, con una negra cabellera y dos intensos y grandes ojos negros, que cuando te miraban parecían te sumergías en ellos.
Tengo en mi cabeza clavado, como si fuera hoy, el día en que salieron con el "niño" al hospital a que lo revisara el médico, porque tenía unos moratones por todo el cuerpo y no quería jugar porque "me duelen las piernas, abuela". No puedo borrar tampoco, cuando, después de varios días de exámenes y hospitalización, llego papi y nos dijo: "los médicos dicen que el niño tiene leucemia", no sé lo que aquellas palabras significaban, pero si supe que era algo grave por los rostros desencajados de cada uno de los miembros de la familia; busqué su significado en el diccionario, y con lo poco que me aportaba me quedé. Lo siguiente que recuerdo es el aeropuerto y estar despidiendome de papi, mami y mi pequeño hermano porque tomarían un avión rumbo hacia la esperanza, la fe y la confianza. En esos meses, seis exactamente, se sucedieron muchas cosas, nosotras quedamos con la tía y la abuela, y mi madre quedó con él en NY, encerrados los dos en un hospital: El Mount Sinai; mi padre viajaba con bastante frecuencia de un lugar a otro; y mi madre, cuántas cosas vivío mi madre, mujer fuerte y valiente con una fe inquebrantable, que aún el día de hoy y con todo lo que le tocó vivir, sigue intacta y dando ánimos cuando la adversidad derrumba a cualquiera de sus hijas.
Mami y Ninín regresaron el 18 de octubre, justo para poder celebrar sus cinco añitos. Mi hermano estaba diferente, su pelo negro y hermoso ya no estaba, "el tratamiento" se lo había quedado, y su mano, su mano derecha apenas le funcionaba: "el tratamiento" se la había cargado. Pero igual daba, no me cabía en el cuerpo tanta felicidad, esto era poco o nada, para lo que significaba tenerlos de regreso en casa; pensé que todo había pasado, que mi hermano, por fin había sanado y que nunca mas marcharía. Que lejos estaba de la realidad, justo aquí empezó una larga agonía de quimioterapias, que lo dejaban muy mal al final de cada sección, fiebres desorbitantes, perdida de pelo, brote en las encías, etc. que hacían de cada una de estas secciones una sección de frustración e impotencia.
Una noche, después de una de las secciones, y cuando Eugenito parecía estar mejor, le pregunté: "Cuándo volverás a dormir conmigo, hace tiempo que no lo haces", él me respondió: "Cuando me sane volveré a dormir contigo, te cuidaré y nunca mas estarás sola. Pero tienes que esperar a que yo me cure". La siguiente que recuerdo es a mi padre dandome un abrazo con el rostro desencajado de dolor y mi madre sentada en una silla del hospital llorando y diciendome: "Ninín está ahí dentro, quieres verlo". No pude despedirme, no le di un beso antes de dejarme, ni siquiera sé si fui una buena hermana para él.
Cierto día, hablando con Flobre, le dije: "Porqué si me habla tu padre, o me habla Pily, en mis sueños y me dicen que están bien, que están en un lugar hermoso y lleno de paz, porqué no la hace Ninín. Porqué él no me habla?"; Flobre me respondió: "Porque él te lo dijo antes de marchar, te dijo que te iba a cuidar y que cuando el sanara nunca mas ibas a dormir sola. Desde entonces, duerme contigo cada noche a tu lado. No lo dudes". Me dio un beso en la frente y agregó: "Sé feliz, que tu hermano está contigo". Desde entonces vivo tranquila, y sueño con él, a veces pequeño, otras veces adolescente.....sueño y juego con él, como el que juega a soñar despierto.
Termino mi relato diciendo quien era Ninín. Ninín fue el niño de ojos grandes y pelo negro, regordete y hermoso, el segundo de mis hermanos que un día llegó en brazos de mami; el pequeño que logró cambiar el carácter amargo de "Sor Arcangela"; el niño que aprovechaba sus horas de recreo, tomaba de la mano a esta monja y la llevaba a hablar con su amigo Jesús, a la capilla del colegio; el niño que apenas empezó a escribir su historia; el que un día enfermó y luego marchó; el que en mis sueños vuelve de un largo viaje y después de muchos años; el deseo del corazón de una niña que quería saber, cómo hubiese sido la vida si esta historia no hubiese sido escrita y contada con resignado dolor.....
Para mi hermano, que espero algún día volver a ver.

viernes, 12 de junio de 2009

En un rincón de mi vida....

En un rincón de mi vida hay una casita en lo que parece una pequeña colina, situada a orillas del río Ozama. Ahí vive mi madrina, "tía Talina", y sus tres hijas: Thamara, Vanessa y Mayra. Es una pasada este lugar, no hay coches, no hay ruidos y está lleno de árboles, flores y toda clase de bichos raros. De noche, cuando nos quedamos a dormir en casa de mi tía, se pueden escuchar los grillos cantando y cuando llueve, la lluvia parece cantar sobre el techo de zinc. Las sábanas de mi tía huelen a limpio, a primavera, a libertad, son suaves y muy finitas, mas que arropar parecen acariciar.
Este es un lugar mágico, donde corremos, jugamos y saltamos sin temor a que nos pase nada, una que otra vez nos caemos, pero no pasa nada, el dolor se va enseguida. El árbol de almendras es el que mas me gusta de todos, es enorme y debajo de él siempre hay hojas grandes y de colores hermosos, también almendras frescas y almendras secas; las almendras frescas son sabrosas, pero las secas son divertidas: buscamos una piedra, la machacamos hasta sacar la semilla de dentro, es rica y suavecita, nada que ver con las que compra mami en el supermercado en navidad. El árbol de almendras, según la historia, lo sembró mi bisabuelo cuando llegó de Italia, con una semilla que llevó de allí, por eso las almendras del árbol de almendras saben distintas a las almendras de otros árboles de almendras, y son más grandes. También hay otros árboles: limoncillo, jobo, tamarindo, cerezas.....vaya pasada!!!!
Villa Duarte, así se llama mi lugar mágico, es verde y lleno de los colorinos de las flores; algunas nos regalan sus pétalos para ponernos uñas postizas, otras, cuando la metemos en el agua empiezan a explotar; en este lugar hay mucha paz, tanta que parece que el tiempo se detiene cuando estamos allí.
En los veranos solemos ir allí a pasar las vacaciones, con las hijas de mi tía, ellas nos cuidan, nos bañan, y juegan con nosotras; ellas son mas grandes que nosotras, hasta hay una que estudia medicina; también están sus amigos, o novios, no sé bien que son. También vamos de visita con la abuela todos los domingos, y los adultos beben café y nosotros comemos galletas de soda con leche condensada y pan dulce; a veces pasa el señor que vende jalao, es algo muy extraño que se come, que a mi no me gusta mucho, pero todos corren a por uno de estos dulces tan raros.
Abajo, pegadito al río está la casa donde viven los más viejos: están arrugaditos y siempre están sentados alrededor de una mesa que tiene un mantel de flores plástico. Uno de ellos, el menos arrugado, siempre lleva muletas, mi mamá dice que se calló de la cama porque estaba saltando sobre ella; pero yo creo que me lo dice para que la que no salte sea yo y mis hermanos. Es una casa muy rara, pero con un patio super guay; aquí hay un salón oscuro y sobrio, con unos muebles que parecen de juguetes, pero no nos dejan entrar. En la cocina siempre hay una señora haciendo el café, también está el muchacho que habla raro, Ari, a veces me da miedo, pero enseguida se me quita, porque en este lugar no se puede sentir miedo.
Dentro de esta casa hay otra casa, tenemos que ir por el patio y subir unas escaleras muy raras. Es emocionante!!!, aquí hay una alberca con patos y jaulas con gallinas que ponen huevos y conejos, muchos conejos de todos los colores. En esta casita vive el tío Gualterio, que no sé exactamente quién es, si es el esposo, el hermano de la tía Mamena, sólo sé que es un viejito muy viejito, arrugado y muy flaquito. El también tiene árboles que dan unos frutos muy extraños, hay uno que se llama pepinillo, mi abuela me dice que no me los coma que me harán daño, pero yo igual los como; tienen un sabor super fuerte, entre agrio, salado, amargo, la cara se me arruga cuando los pruebo, pero igual me gustan.
El río, en el río hay barcos, hay uno gris muy grande, mi papá dice que es de la Marina de Guerra, pero que no se puede mover porque se está encallado, no sé lo que significa, pero nosotros decimos que es un barco fantasma, tiene un número enorme en uno de sus lados; también hay yolitas, con nombres, y con unos señores que las usan, se llaman yoleros, y que transportan a las personas de una orilla a la otra, como si de un carro público se tratara. Los amigos de Thamara, Vanessa y Mayra, también tiene yolitas y nos llevan de paseo en ellas, nos divertimos mucho, nos mojamos los pies y nos entretenemos viendo los peces que están en el agua.
Ojalá y nunca despareciera este lugar mágico. Pero no podrá ser, vino el ciclón David, con sus fuertes vientos y con toda esa lluvia, y tumbó el árbol de limoncillo que cayó sobre el techo de zinc, donde antes cantaba la lluvia. Ya mi madrina no estaba, se había marchado al cielo y ya nunca regresó. La casa se llenó de agua, de hojas y piedras que había arrastrado el Sr. David. Nunca más volvimos, el árbol de almendras también se cayó, y el barco que estaba encallado se marchó; mis primas se mudarón de allí a otras casas mas grandes, quizás mas bonitas y con mas lujo, pero no tenían magia, tampoco tenían árboles con almendras italianas, ni flores, ni bichos que cantaban en las noches.
Hoy vuelvo la vista atrás y recuerdo mi infancia en ese lugar, y veo a mis hijos y mis sobrinos, y me da mucha tristeza el que ellos nunca puedan conocer la magia de este lugar. Hoy Villa Duarte tiene edificios, un monumento a las vacas, o a los braseros de la caña, tiene un puerto muy elegante, y hasta hay restaurantes donde puedes comer a la orilla del río; las casitas ya no están y la magia se marchó cuando llegó la elegancia.
En homenaje al Villa Duarte de mi niñez.....