domingo, 5 de junio de 2016

Una historia, una canción: Love is in the air


El año 1996 fue un año de esos que marcan, como aquel verano del 90, este también había sido un buen verano. 

Mi cuadrilla se había quedado, con el tiempo en tres, Flobre, René (mi otro mejor amigo) y yo. Los tres trabajábamos, y como amigos salíamos de domingo a domingo, unas noches al cine, otras a cenar, otras a tomarnos algo, el fin era salir, divertirnos, pasárnosla bien. 

No tengo que decir que Flobre seguía enamorado de mí y yo seguía sin hacerle caso alguno. También tengo que decir que desde aquel septiembre del 90 nunca más se tocó el tema entre nosotros...nunca más hasta 1996. El había tenido su novia y yo mis novios. Sí, así mismo, en singular y en plural. 

Nunca dejamos de salir en esos seis años, y mi novio de turno tenía que acostumbrarse a ellos dos y ellos dos tenían que acostumbrarse a mi novio de turno, y ay de aquel que se lo ocurriera celarme con alguno de los dos, sobre todo con Flobre, lo mandaba por un tubo. A mi, o me querían con ellos dos o no me querían, y si ellos no le caían bien ya se podían ir a la Patagonia a freír monos. 

Pues por aquí empieza esta historia. Mi último novio, quien a pesar de tenerlo todo a favor, no me había durado ni seis meses completos, porque no era el momento, porque yo no estaba preparada, porque no había química, porque yo fui una bruja con escoba y verruga, o porque él no supo mantener el encanto, vaya usted a saber porqué. Habíamos terminado a finales del 1994, 24 de diciembre para ser exactos, no de muy buena manera, pero pasado el tiempo y después de hablar, empezamos a salir como amigos, alguna vez intentamos volver, pero yo me frenaba en seco cuando venía el siguiente paso, hasta que él se cansó de intentarlo y se buscó una novia. Entonces a mi se me revolvió todo, cuestión de orgullo supongo, y me dio por querer conquistarlo, o mas bien reconquistarlo. 

Alguna vez he contado lo buena niña que he sido siempre y lo mucho que abusé, como amigo, del pobre Flobre. También les he dicho que con Flobre siempre conté para todo, para todas y cada una de mis locuras, que lo de que estaba enamorado de mi quedó en un último plano y que el tema ya ni se tocaba. Que era mi cómplice, mi compañero de travesuras, ese amigo que estaba dispuesto a todo por mí. 

En mi afán por reconquistar a mi ex, entre una salida y otra a la semana le llamaba y le decía “Flobre qué haces...vamos a Casa de España a ponerme donde el capitán me vea”. “El capitán” siempre estaba en Casa de España, así que era una apuesta segura que nos encontráramos con él. Yo hacía gala de mis mejores dotes, y, con “lo primero que agarraba del armario” bajaba perfectamente vestida y maquillada a “pasar un rato”. No lo saludaba, no le miraba, porque él andaba con su actual novia y menuda era ella, pero sí me ponía lo suficientemente cerca como para que me viera SÍ O SÍ. Además, estando con Flobre, que no pasara de mi era algo seguro. 

Un sábado de tantos había no sé que cosa en el área de la piscina y fuimos todos, papi, mami, Flobre, René, Lourdita y yo. El área donde era la actividad no era muy grande, por lo que la mesa de la familia de mi ex, con mi ex y su novia incluidos, nos quedaba justo al lado, quedamos tan juntos que podíamos escuchar, sin mucho esfuerzo lo que hablaban entre ellos. Me levanté y me apoyé en la barra del chiringuito de la piscina, de manera que la mesa en cuestión me quedara de frente. 

Sonaba la música del disc jockey, y él estaba pendiente a su novia, su novia pendiente a mi, mientras le hacía carantoñas, y yo pendiente a él. Flobre que siempre ha sido Flobre, me mira, nos mira, ve la escena y el ambiente y empieza a cantar “Love is in the air, everywhere I look around, love is in the air, every sight and every sound...” mientras, con una gran sonrisa me miraba a mi, y de reojo a la mesa que nos quedaba en frente. 

Desde entonces es una canción que, cuando la escuchamos, nos acordamos de aquella estampa y nos provoca reírnos. Cuando alguna vez le pregunté a Flobre que porqué me llevaba a ponerme donde “el capitán” me vira, me contestó, " tonta tú, tú ibas a que “el capitán” te viera y “el capitán” siempre te veía conmigo...el trabajo se hizo solito" 

Y es por eso que Love is in the air tenía que formar parte de nuestra banda sonora...

domingo, 29 de mayo de 2016

Una historia, una canción: Amigos


La canción Amigos de 440 puede definir exactamente lo que para mí éramos Flobre y yo. Nos conocimos en verano del 1988, haciendo fila para pagar la inscripción de verano en la uni. De principio no me gustó mucho, más bien me cayó muy mal, me pareció un tipo muy pesao’, un metome en to' lo que no me importa, y llegué a querer estrangularle con la correa de la mochilita que llevaba a la espalda a ver si así se callaba y dejaba de jorobarme de una puñetera vez. Aún así, para el 1989 ya éramos uña y carne. 

No recuerdo, desde entonces, un momento importante en el que no haya estado conmigo...bueno sí, mi graduación de la universidad, pero debo aceptar que eso fue más culpa mía que de él, al fin y al cabo yo misma lo había liberado del compromiso en un arranque de rabia. Yo tampoco fui a la de él, no por venganza, que también, sino porque tenía una reunión y terminó tarde. 

En cada instante que recuerdo siempre le veo a mi lado, incluyendo aquellos siete meses en los que no nos hablábamos. Cuando murió mi abuela, al salir de la capilla, era el único de mis amigos que estaba afuera, esperándome, fue el único que me abrazó. Cuando mi tío, un año más tarde, nos dejó, fue hasta mi casa con fiebre y varicela a pasar un rato conmigo; y cuando necesité desesperadamente que alguien me llevara a entregar la tesis, a quien llamé fue a él. Siempre que necesité un abrazo, ahí estaba él, en silencio, poniéndome su hombro, apretando mi mano. Y yo, siempre que estaba mal, le buscaba, solo para sentirme protegida...es algo que nunca podré explicar, porque sé a ciencia cierta, que no estaba enamorada de él, pero me recomponía el día verlo, que me mirara, no tenía que articular palabras, solo extender sus brazos y acunarme entre ellos. 

En aquel febrero, cuando terminé con mi novio, con el que había pasado dos años y medio de mi, hasta entonces, corta vida, estaba destrozada, me sentía un gusano, no solo porque me habían dejado, sino por la forma, entre insultos y humillaciones. Había llegado a la universidad como una autómata, vacía, humillada e insultada; le busqué, pregunté a todas mis amigas por él, pero nadie le había visto, el mundo se me caía encima, hasta que lo vi, ahí estaba él con su pantalón negro, su camisa blanca y su corbata a juego, me miró, me sonrió y me abrazó. Era todo lo que necesitaba, para que ese dolor amainara. Apenas pronunció palabra, pero las que dijo me devolvieron el alma...al menos por un momento. 

Y ese fin de semana famoso en el que nos fuimos a la playa con los amigos a celebrar mi cumpleaños, todo estaba bien, hasta que su novia lo llamó y él se fue, raudo y veloz, a su encuentro. Desde ese momento el fin de semana fue un completo desastre, fue, sin duda, el peor cumpleaños que recuerdo; mi “otro mejor amigo” se había quedado, pero, para variar, era un cero a la izquierda, en esa puñetera discoteca, sacó a bailar hasta al palo de la escoba, menos a mi...estábamos celebrando mi cumpleaños y nunca me lo habían hecho pasar tan mal. Todavía hoy, estoy mas que segura, que de haber estado él ahí, recordaría aquel fin de semana en la playa de otra manera, porque siempre fue capaz de sacarme una sonrisa, de convertir un mal momento en un instante inolvidable. 

Y en esa gran ausencia, en mi graduación, sentí su falta y aquella tarjeta de felicitación, fría y distante que me hizo llegar a través de mi “otro mejor amigo” no hizo más que romperme en mil pedacitos, porque me faltaba su abrazo, su presencia que me indicaba que todo estaba bien, que esa noche todo sería perfecto. 

Sí, somos esos “amigos” de la canción. No hicimos castillos en la arena, no contamos gaviotas, nunca encendimos una hoguera, al menos en el sentido literal de las frases, pero sí cada vez que lo necesité, cada vez que lo llamé, cada vez que lo busqué fue “mi sombra cuando se ocultaba el sol”.

Y sí, al final además de casarme con un hombre maravilloso, también tuve la suerte de casarme con mi mejor amigo.

domingo, 22 de mayo de 2016

Una historia, una canción: La quiero a morir


Esto es un “compendio” de pequeñas historias relacionadas con una playlist que hemos llamado Nuestra banda sonora, porque cada canción que suena ahí cuenta algo que tiene que ver con "nuestra historia". Empezó con tres canciones, ésta entre ellas, y se le han ido agregando más a medida que nos iban acordando "algo" de nuestra relación, desde que éramos "no novios" hasta el día de ayer. Se me ocurrió que escribirlas sería una buena manera de no perderlas. Sí, sí, también tengo que admitir que "algo" tiene que ver que me he leído dos libros cuyos capítulos eran títulos de canciónes. En fin, que aquí les va el coñazo...que si no quieres leerla pasa de ella y ya está, que yo me conformo con contarla :)

Empiezo por La quiero a morir cantada por Sergio Vargas a Ritmo de Merengue, porque creo que a partir de aquí surgió esa  "nuestra historia". 

El verano del 90 fue, para mi, uno de los mejores veranos que recuerdo, creo que ya he hablado de él en alguna ocasión. Fue un verano de días de amigos y domingos de piscina, fue un verano divertido, de salidas nocturnas al cine y a cenar, de tardes en la galería de mi casa, de relaciones que nacían, un verano en el que nuestra mayor complicación era si ir a comer a Pizzarelly o a Emilios hot dogs. Un verano que al finalizar prometía una nueva universidad, un comienzo, un dejar atrás. 

Aquel año había sido rico en todos los sentidos, había empezado con situaciones difíciles a nivel familiar y habíamos llorado y habíamos reído y habíamos viajado. Fue el  año de aquellas elecciones en las que el PLD iba ganando y de repente se fue la luz, y ZAS ganó Balaguer. Sin duda un año para recordar en muchos sentidos. 

Yo tenía mi grupo de amigos, algunas veces éramos menos, otras veces éramos más, pero siempre había uno que se mantenía cerca, Flobre, y todos los demás coincidían en que estaba enamorado de mi. Todos menos yo, porque Flobre era mi amigo, mi mejor amigo, y eso era sencillamente imposible, eso no podía ser y punto. Esto también lo he contado. 

Tanto insistían que terminé por preguntarle, primero a su mejor amigo, al que empotré contra una pared y que me dijo que no. Le creí, porque menuda era yo acojonando a los demás, además, si alguien sabía la respuesta, era él. Más tarde me dí cuenta que me había engañado, o no le acojoné lo suficiente o era muy fiel a su amigo. Luego le pregunté directamente a él, a Flobre. También me lo negó, aquí sí, porque lo acojoné y no se atrevió. Eso lo supe tiempo después.

El verano siguió su curso y yo me hice novia del muchacho que me gustaba, sin ningún remordimiento y sin temor de hacerle daño a Flobre, porque él mismo me había confirmado que NO estaba enamorado de mi, cuando le pregunté de manera delicada y sin coacción alguna. Dos días más tarde de andar de novia, me imagino que después de verle las orejas al lobo, me dice que tiene que hablar conmigo. Quedamos en mi casa y nos sentamos en la acera y, sin muchos rodeos dijo que él estaba enamorado de mi, que yo le gustaba desde hace tiempo y que ya no podía seguir así. Esto también lo he contado antes. Le pregunté que porqué ahora, porqué no antes, qué había cambiado. No me pudo contestar. No sé si él fue consiente en algún momento que aquella confesión me acababa de lanzar una losa encima. Mi respuesta, por supuesto, fue negativa.

Seguimos hablando un rato más, hasta que decidió marcharse. Antes de irse me preguntó si iba a ir al concierto de Sergio Vargas acompañada, le contesté que sí, me imagino que aunque yo no me atrevía a contarle que ya tenía novio, él ya lo sabía. Se despidió, pero antes me pidió que cuando escuchara La quiero a morir me acordara de él, me dio un beso en la mejilla y se fue. Sé lo que pasó después, porque él me lo contó, pero eso sí queda entre nosotros.

No puedo decir que no conocía la canción, porque sí la conocía, la había cantado, la había bailado, incluso en la tarima con la orquesta, incluso con él, pero hasta esa noche en Altos de Chavón no había tomado sentido la letra. Lloré lo que no está escrito con cada palabra, con cada estrofa. Aún recuerdo cómo se me quedó grabada de manera dolorosa la frase “ella para las horas de cada reloj y me ayuda a pintar transparente el dolor con su sonrisa...” y cómo se me hacía añicos el corazón cada vez que repetía “la quiero a morir”. 

Pueden pasar los años y no se me olvida aquel dolor de saberme haciéndole daño a la persona, que como amigo, más quería, quien, como amigo, era todo para mi, al que, como amigo, ya estaba empezando a extrañar. Llovía a cantaros, pero yo no lo sentía, y menos mal porque pude camuflar mis lágrimas. Lloré desde que empezó la canción hasta un buen rato después que terminó. Lloré en el autobús de regreso, de manera callada, esta vez me cubría la oscuridad que no permitió que quien iba a mi lado se diera cuenta que ya llevaba un buen rato sollozando. 

Después de esto solo me vienen flashes a la memoria, Flobre en la universidad, yo tratando de no verle, esquivándolo, evitándolo, hasta una noche que me preguntó si me llevaba a casa y le respondí que no, me dijo mirándome a los ojos “no me hagas esto, no me separes de ti, no dejes de ser mi amiga, me haces más daño si te alejas de mi para no hacerme daño...”

Poco a poco volví a ser la misma con él, a buscarle, a abrazarle, a confiarle mis secretos, a contar con él para todo, a ser completamente yo al lado de él, sin miedos, otra vez los amigos que hasta aquella noche de septiembre habíamos sido. Otra vez los mismos amigos, hasta seis años más tarde cuando la historia pega un giro. 

Así se convirtió esta canción en single de nuestra relación. Es nuestra canción. Esa canción, que de haberse bailado en nuestra boda, hubiese abierto el baile.

Hasta la próxima canción, hasta la próxima historia...

jueves, 19 de mayo de 2016

Una imágen, dos historias...


Hace unos días prometí que contaría la historia envuelta en este adorno de la cabeza, pero entre lo cansada que terminé de la graduación y la gripe que me agarró no había podido pasarme por aquí.

Otra cosa que me frenaba un poco es el maravilloso regalo que me hizo mi hermana Angie al compartir conmigo el libro de vida de Amelia, mi sobrina, un proyecto del último año de colegio y que empecé a leer con los ojos llenos de nubes y terminé con ellos llenos de lluvia.

Como no sabía por cuál tema decidirme, me he decidido por los dos, que por cosas de la vida y la distancia, van unidos por un fino hilo llamado nostalgia; porque es la nostalgia la que, al fin y al cabo, inspira ambas historias.

Empezaré con el adorno del pelo que lució María Eugenia el día de su graduación, es una pieza "vintage" como se le llama ahora a las cosas de las abuelas, que crecí viendo en mi familia, escondida en la "gaveta de la tía Lourdes", esa gaveta que a mi me encantaba explorar porque estaba llena de cosas maravillosas: collares, anillos, pendientes, brazaletes, gafas de sol, adornos para el pelo..., todo con lo que yo soñaba algún día lucir. Pero como yo, habían dos más, porque es que somos tres hermanas que crecimos viendo y admirando las "cosas" de la tía, y este gancho, o uno como este, tiene historia y miga. Estábamos las tres "enamoradas" de él, y las tres competíamos por ponerlo en nuestro pelo, cada una con sus razones poderosas, yo que era la mayor, Lourdita que era la pequeña y Angie que era la que iba entre la mayor y la pequeña, en fin, que el gancho si bien no era un problema, tampoco dejaba de serlo. Crecimos viéndolo, crecimos queriendo llegar a la edad permitida para usarlo, crecimos, y el adorno creció con nosotras...

Una tarde en casa de mi suegra, sentadas en medio de un café, ella me dice que tiene algo para mi que le gustaría que yo llevara "...lo había guardado para Rosmery (su hija), pero tiene tan poco pelo que nunca se lo podrá poner, pero a tí te quedará muy bien con ese pelo tan abundante y tan negro..." me dijo; continúo diciendo que era de cuando ella era joven, que lo llevó mucho, porque ella tenía mucho pelo y le "agarraba" bien. El que me conoce bien sabe que me encantan los recuerdos de familia, que prefiero el mueble de mi abuelo a otro ultra moderno, y que guardo esos detalles como oro molido, otro punto a mi favor, según palabras de mi suegra. No puedo describir la sorpresa y emoción que me dió cuando me lo entregó, era el mismo gancho/adorno para el pelo que tenía mi tía y del que estaba enamorada desde que tenía uso de razón y por el cual ya no tendría que competir con mis hermanas. Me faltaron las palabras para decirle todo lo que pasaba por mi cabeza en ese momento, y solo pude decir: GRACIAS!!! 

Lo he usado poco, porque el valor que le dí es tan grande, que solo lo uso para ocasiones realmente importante. Alguna vez que lo llevé puesto, escuché a mi mamá que me decía, con esa voz característica de cuando descubres una pequeña fechoría, mientras se acercaba lentamente a mi "Aaaaay mirala a ella, con el gancho de la tía", a lo que rápidamente le contesté negando con la cabeza "mm, mm, ese gancho no es de tía, ese me lo dió MI suegra, que tenía uno igualito, así que ahora ese gancho es mío...". No tengo que aclarar que ya no puje más por el otro gancho, porque para mi daba igual de quién había sido el que ahora era mío, para mi tenía el mismo valor y, aunque era de mi suegra, sentía que también le rendía un poquito de honor a la tía cada vez que lo llevaba puesto.

El jueves pasado, cuando Maru me dijo que Eve, mi vecina encargada de peinarla para la graduación, preguntó si tenía algún adorno para el pelo que pudiera ponerse, sin dudarlo, pensé en el "recuerdo de familia", lo busqué y le expliqué que me lo había regalado su abuela luz y que la tía Lourdes también tenía otro igual, le conté la historia que le rodeaba y le dije que era como llevar un poquito de cada una ese día a la graduación, era como tenerlas cerca a ambas, y que para la abuela Luz iba a ser una sorpresa verselo puesto "tengo que tirarte una foto para que lo vea!!!" le dije...

Tomé la foto y la envíe con un pie de foto que decía "alguien recuerda esto". Yo sabía que sí, porque de ambos lados, mis hermanas y mi cuñada, conocen esta pieza, que en las dos familias tiene historia y que ese día, orgullosa llevó mi hija y emocionada le puse yo.

El domingo, después de la graduación, cuando estaba ya lista para sentarme en mi ordenador a escribir la historia de un adorno de pelo que le debía a mi suegra, mi hermana me llamó o me escribió, no recuerdo, para decirme sobre el libro de vida de Amelia y que me lo estaba enviando por mail para que lo leyera. Deje lo que estaba haciendo, porque estaba segura que podía esperar, porque para yo contar siempre tengo tiempo, pero para leer lo que mi sobrina contaba, ya me estaba faltando. Mientras lo leía descubrí, con los ojos aguachapados que a esa pequeña  le gusta la misma peli que a mi, que tampoco lleva cicatrices de guerra y que no se ha roto ningún hueso, igual que yo, su tía. 

Y porqué me emocionan estas cosas tan simples, sencillo: primero, no he podido influenciarla para que vea y le guste "Sixteen candles", nuestra peli favorita, porque he estado "ausente" los últimos once años de su vida, con lo cual, Angie, queda demostrado que lo que se hereda no se hurta, hasta "el mal gusto" por las películas. Lo siento.

Segundo, porque los logros de esta pequeña son también mis logros, porque ésta pequeña no es como una hija, es mi otra hija, la vi nacer, el mismo día que la mía (la vi es un decir, que yo estaba en mis cosas, mientras ella llegaba al mundo), la vi dar sus primeros pasos, la vi entrar al colegio el primer día de clases, estuve cuando enfermó, escuché sus primeras palabras, sus primeras risas, cuidé alguna vez sus fiebres, y hasta llegué a amamantarla, en un intento desesperado de su madre porque se alimentara de leche materna...igual que a Maru, exactamente igual, lo único que a Maru me la pude traer cuando me fuí tan lejos, y a ella tuve que abrazarla y dejarla entre lágrimas. Era mi tercera mochilita, siempre conmigo, me la llevaba a todas partes, porque no concebía salir con mis hijos dejándola a ella, porque ella era tan mía como los míos. Alguna vez alguien me preguntó ¿¿¿Son todos tuyos??? refieriéndose a los tres enanos que daban vueltas alrededor mío, y yo, ni corta ni perezosa contesté "sí, porque a esa nada mas me faltó parirla".

Y el lugar donde convergen ambas historias, ya lo dije al principio, es esa línea fina llamada nostalgia. La nostalgia que evoca un simple adorno para el pelo y que te lleva a creer que a través de él podemos tener a los nuestros más cerca. La nostalgia de ver graduarse a una tan lejos de la otra; la nostalgia que te trae a la memoria aquella mañana de septiembre de hace casi dieciséis años, cuando entrábamos por primera vez al Babeque, llevando de la mano a nuestros pequeños tesoros, que creíamos que como iniciaban ese camino juntas, juntas lo iban a terminar; la nostalgia que da la distancia y tantas ausencias; la nostalgia de unos por querer estar aquí el viernes pasado y la nostalgia de otros por querer estar allí el mes que viene, o el año pasado o el año que viene...esa nostalgia que oprime cada momento especial, cada paso que dan a los que vimos nacer, cada cumpleaños, cada logro o cada fracaso.

Un libro de vida, un adorno para el pelo, dos graduaciones, dos historias, todo tan unido, todo tan separado...

Por lo que pudo ser y ya no fue.

lunes, 25 de abril de 2016

Porque las tetas están para amamantar!!!


Hace unas semanas que no aparezco por aquí, por vagancia más que por otra cosa, pero, mira tú por dónde, vi una noticia en mi facebook con la que pase del estupor a la indignación, de la sorpresa a la rabia, de no creerlo a tener algo de qué escribir, porque como mujer, madre, mamífera y lactante en su momento, siento que no me podía quedar callada. Ya sé que a mi pocos me leen, y poco me importa, este es mi diario, mi suéltalo que te va a hacer daño, mi "lo escribo porque me da la gana"

Ayer o antes de ayer, no sé bien cuándo, vi que mi hermana Angie compartía con indignación las críticas negativas a la que fue sometida Laura Castellanos por publicar una foto amamantando a sus pequeños. Sentí vergüenza ajena cuando vi la foto y leí el "artículo" por llamarlo de alguna manera, no tenía ni idea de quién lo había publicado, no valía la pena ni conocer su nombre, sí que pensé que era un hombre, no porque piense que está bien que un hombre exprese tanta m...., sino porque me parecía imposible que tales barbaridades saliera de la cabeza de una mujer, pero, oh, sorpresa!!! resulta que sí, que tales palabras provienen de una persona femenina, que me imagino que tiene un par de tetas que están ahí para dar de comer a sus hijos, no para tenerlas de exhibición.

Antes de continuar me gustaría apuntar que, Según la RAE, el término teta se refiere a cada uno de los órganos glandulosos que tienen los mamíferos en número par y sirven, en las hembras, para la secreción de la leche. Dicho esto, continúo...

Yo quisiera que esa "periodista" me diga que fué lo que le molestó de la foto, porque yo, simple mortal, lo que veo en ella es el acto de amor más puro e incondicional; lo que percibo es entrega, complicidad, ternura, y sacrificio sin dolor, sacrificio con amor. Y digo sacrificio en el buen sentido de la palabra, porque lactar exige tiempo, espacio, tranquilidad. No hay horario para lactar, eres lactante las 24 horas, cuando tu pequeño lo pida, no importa lo que estés haciendo, lo dejas todo y te dedicas a eso.

Señora o señorita no sabía qué escribir y escribí cualquier cosa, perdón, pero es que sigo sin saber su nombre, y es que tampoco me interesa conocerlo. Explíqueme cómo es posible, siendo usted mujer del siglo XXI, sea tan retrógada, ignorante, morbosa y sucia que ve en una foto de una mujer amando a sus hijos, destape, exhibición pública y espectáculo. Porque lo sucio no está en el cristal, si no en los ojos que miran a través de él...y sí, aquí difiero con el principito, porque si las cosas dependen del cristal con el que se miren, el cristal suyo está asqueroso.

Y si tomarse una foto amamantando es todo eso que usted dijo, aquí va la mía de cuando era yo una descocada sexy de porquería, de cuando disfrutaba exhibiendo mis tetas, de cuando era yo stripper, gogo. Sí, porque en algún momento, según sus palabras era yo todo eso, porque me sentaba a dar de comer a mis criaturas sin importar que me viera el vecino, el cartero, el tato o el cuerpo de bomberos completo y no conforme con eso, también me tomé fotos, porque sí, porque quería guardar esa imagen para siempre. Porque Señora mía, lactar es un derecho del niño y un deber de la madre, y no hay momento más hermoso, especial y de mayor conexión que ese, porque a través de él no solo lo alimentas con nutrientes, lo alimentas con amor del bueno. Tanto es así, que cuando estaba en mis destapes y en mis exhibiciones públicas, el padre sentía celos, celos de no tener esa conexión que tenía yo con mis pequeños. O es que acaso no ha visto usted los ojos de un bebé y su madre cuando se están alimentando uno al otro, porque hay un vínculo tan grande en ese espacio de tiempo que, mientras una da de mamar y alimenta al niño, el otro succiona y alimenta a la madre. 

Tengo que aclarar, ya para ir finalizando, que no tengo el gusto de conocer a Laura Castellanos, pero ole por ella y por todas las mujeres que dan vida y amor a través de sus tetas y ole por todas aquellas personas, hombres y mujeres, que ven amor y no ofensa en una mujer lactando.

domingo, 27 de marzo de 2016

Porque aquí lo celebramos todo...



...y cuando digo que lo celebramos todo, quiero decir TODO!!! Navidad, Año nuevo, Reyes, San Valentín, las madres y los padres de aquí y de allí, los cumples, las fiestas patrias de aquí y de allí, si gana el Escogido, el Licey o la roja, la llegada de la primavera y el primer día de verano, cuando neva y cuando sale el sol. Siempre tenemos vino para brindar y Cola para compartir...y si no, pregunten a mi vecina.

Hace casi once años que llegué a esta tierra y una de las primeras cosas que me dijeron era que aquí no se celebraban ni la Navidad, ni los cumpleaños, no sé si quería decir que no se celebraba así no mas, o que no se celebraba como en mi terruño, en todo caso aproveche para sacar mi lengüita bien puesta y afilada y, con mucho respeto y desde el cariño, respondí, pero es que mi casa es territorio dominicano y yo celebraré lo que me venga en gana, digo yo. Y así ha sido desde entonces, no he perdido oportunidad, momento, fecha, ni ocasión para llenar de alegría y júbilo nuestros días de este lado del mundo.

Hace poco le crucé un pedazo de tarta a mi vecina de enfrente, y a parte de darme las gracias me preguntó, qué celebrábamos, yo le contesté que nuestra fiesta de independencia, me miró y me dijo que cómo tenía yo tanto ánimo. Mi vecina es una señora mayor con tres hijas estupendas y varios nietos, que me ha "adoptado" como una hija mas, ella me ha visto llorar de desesperación cuando la situación aprieta y ha visto cómo hemos ido sorteando los obstáculos, solos y lejos de nuestras familias. Me ha dado un abrazo cuando lo he necesitado y me ha abierto las puertas de su casa. Ella, como otros ángeles con forma humana han hecho que la distancia sea más llevadera en ocasiones en las que la soledad te aplasta. Contesté a su pregunta, y añadió que era admirable la capacidad que tenía para encontrar siempre un motivo para celebrar, le dije, y si no lo tengo, me lo invento.

Y es así, si no hay un motivo, nos lo inventamos, el caso es celebrar, convertir un día ordinario en un día extraordinario; una fecha cualquiera, en una fecha para recordar. Porque tengo que crearles recuerdos a mis hijos, porque tengo que lograr que, mañana, cuando sean adultos, no recuerden que estaban solos en los momentos importantes, si no, que su mamá loca hizo una tarta y se empeñó en tomar fotos que inmortalizarán el momento.

Porque mis hijos no tienen un Villa Duarte a donde volver, porque no son consentidos por sus abuelos, porque no conocen lo que es la complicidad con sus tías o lo que es reñir con sus primos. Porque no tienen un verano entre la piscina de Casa de España y la casa de sus abuelas; porque no tienen tardes que saben a café y a galletas con leche condensada; porque no hay angelitos en Navidad, ni regalos de cumpleaños; porque no hay casa de Vanessa y panes con tomate con sabor a familia; porque les ha tocado crecer lejos y, porque no, solos. 

Porque al final recordarán que su mamá tenía una canción para cada palabra; porque era loca y se la pasaba cantando y riendo sin motivo aparente; porque bailaba con el palo de la escoba. porque al final no recordarán que las cosas, a veces,  fueron difíciles, recordarán que siempre fueron muy felices a pesar de todo...por lo menos eso espero y persigo. 

Feliz Pascua de Resurrección!!!

lunes, 14 de marzo de 2016

Hoy lo digo con música...


Recuerdo cuando aún no era madre y solía sentarme en alguna heladería o ir de tarde a alguna plaza, veía a los niños jugando al cuidado de una nana, normalmente vestida de blanco para que se supiera fijo que no era su madre, cosa que no era necesaria, porque si te fijabas un poco, te ibas a encontrar a la mamá del crío, felizmente sentada, vestida de manera impoluta, con unas gafas de sol, despreocupada del mundo, porque, claro, para eso ella pagaba, para que alguien cuidara de su pequeño tesoro. 

Si soltera la estampa me parecía inconcebible, de madre ya ni les cuento. Nunca entendí en dónde radica el placer y la diversión de salir a "pasear" con tus niños y llevarte a la niñera (a veces una por crío) para que sea ella quien se ocupe. Dónde está tu momento para ellos, dónde está el tiempo que le dedicas??? Porque, suponiendo que esas mamás eran igual que yo, tenían un trabajo que le ocupaba ocho horas diarias, cinco días a la semana. 

Puede que para las demás el andar con los niños y su niñera fuera "lo ideal" y "lo normal", yo es que disfrutaba tanto compartir con ellos en los cumples, en el cine, ayudándolos a comer helado, a esperarlos al final del tobogán o abajo en la piscina, que el tiempo se me antojó corto, efímero. Imagínate si esos momentos los hubiese ocupado una niñera...uff!!!

Hoy tengo dos adolescentes, a puntito de empezar a volar y, a pesar de que le he dedicado cada minuto y cada segundo, llegando incluso a dejar a un lado mis sueños y proyectos personales por cuidar de ellos, pienso que todavía pude darles mas de mi, porque estos años se han ido tan de prisa y corriendo, que me parece que apenas era ayer cuando eran dos niños totalmente dependientes de mami.

No sé la edad que tenía cuando escuché por primera vez "No basta" de Franco de Vita, si sé que aún era una joven que no pensaba en casarse y mucho menos en ser madre, pero igual la letra me impactó muy mucho, y me prometí a mi misma dedicarle a mis hijos, el día que los tuviera, cada minuto y cada segundo de mi tiempo y de mi espacio. Aquí les dejo la letra, porque más claro de ahí no lo puedo decir...no soy tan buena escribiendo y mucho menos componiendo. Clic aquí si quieres ver el vídeo oficial.


No basta traerlos al mundo 
porque es obligatorio 
porque son la base del matrimonio 
o porque te equivocaste en la cuenta. 
No basta con llevarlos 
a la escuela a que aprendan 
porque la vida cada vez es más dura 
ser lo que tu padre no pudo ser. 
No basta que de afecto 
tú le has dado bien poco 
todo por culpa del maldito trabajo 
y del tiempo. 
No basta porque cuando quiso 
hablar de un problema 
tú le dijiste niño: "será mañana 
es muy tarde, estoy cansado". 
No basta comprarle todo 
lo que quiso comprarse 
el auto nuevo antes de graduarse 
que viviera lo que tú no has vivido. 
No basta con creerse 
un padre excelente 
porque eso te dice la gente 
a tus hijos nunca les falta nada. 
No basta porque cuando quiso 
hablarte de sexo 
se te subieron los colores al rostro 
y te fuiste. 
No basta porque de haber 
tenido un problema 
lo había resuelto comprando en la esquina 
lo que había, lo que había. 
No basta con comprarle curiosos objetos 
no basta cuando lo que necesita es afecto 
aprender a dar valor a las cosas 
porque tú no le serás eterno. 
No basta castigarlo por haber llegado tarde 
si no has caído ya tu chico es un hombre 
ahora más alto y más fuerte que tú 
que tú...

No, no basta...