lunes, 14 de junio de 2010

Amigos para siempre...


Anoche, mientras trataba de dormir, recordé una frase que escuche hace unos días y que decía que el amigo es la familia que escoges. Me vino a la memoria una de las clases de Sor Rosa en el colegio, donde nos decía que a la familia no la escoges, te llega por imposición, la quieres, la aceptas, pero no la puedes escoger; te guste o no es tu familia y tendrás que quererla y aguantarla quieras o no quieras; en cambio los amigos, nos decía, los escoges, los quieres, los cultivas no porque tienes, sino porque quieres.

Como en cada noche de insomnio, me dio por filosofar sobre este tema: los amigos, mis amigos. No a cualquiera llamo amigo, pero si se lo llamo, esa persona sabe que puede contar conmigo en las duras y en las maduras; soy de esas amigas incondicional, que sólo exige amistad a cambio de amistad; tal vez por eso digo tener pocos amigos, porque los que tengo, son de verdad, de esos con los que sé que cuento sin necesidad de que me lo digan.

Alguien me dijo alguna vez que los buenos amigos no existen, porque si son amigos, la palabra bueno esta de mas; porque o eres amigo o no lo eres; que puedes tener amigos mas o menos íntimos; pero que en la amistad o eres SIEMPRE buen amigo, o no eres amigo. Lo curioso es que la misma persona que me lo dijo, resulto que, al final, no era tan amiga...

En el camino te encuentras con algunas personas que la sientes cercana, lo sientes amigo, pero terminas dándote cuenta que no lo fueron en realidad; porque el amigo es amigo, no importa que su situación social cambie; no importa si esta casado o está soltero; no importa si se ha enojado contigo o con tu hermano; el amigo está dispuesto a escucharte, a enojarse contigo, a perdonar si es necesario, a pedir perdón si el error fue suyo; el verdadero amigo, es el que saca tiempo para estar contigo en los momentos importantes de tu vida; ese que no le importa si tu perteneces a una religión diferente a la suya; ese que no busca excusas, ni se refugia en su trabajo y compromisos para no llamarte o para no ir a visitarte. No digo nombres, pero tienen apellidos; esos a los que una vez llame amigo y me di cuenta que no tenían tiempo para esa amistad.

Y es que amigo es ese que tienes a tu lado cuando lo necesitas, ese al que le puedes decir cualquier cosa, que aunque se enoje contigo, sabes que estará junto a ti; con el que te ríes cuando estas feliz y con el que lloras cuando lo necesitas; esa niña con la que comenzaste el colegio, y que veinte años después de salir de él, cuando la vuelves a ver sientes que el tiempo no ha pasado; esas hermanas, con las que te llegas a compenetrar tanto, que mas que amigas ya le llamas primas; esas que te dan apoyo a través de Internet, y las que te siguen y te dan ánimos a través de tu blog; esa que se convirtió en la tía de tus hijos, porque terminó siendo como una hermana para ti; esa que, aún teniendo hijos y esposo, un trabajo que atender y un negocio que sacar hacia adelante, saca tiempo para ir a visitarte; ese que te llama un día cualquiera sólo para saludarte; esa que te regaló una postal navideña con un regalo metálico dentro, porque sabía que no estabas bien económicamente; esa con la que te peleas en Internet y con la que terminas riendo por la tontería; ese con el que hablas de vez en cuando, pero igual lo sientes cerca.

Como dije no doy nombres, pero sé quienes son cada uno de ellos, con quien cuento y con quien no; a quien llamo compañero de universidad, conocido y amigo; quien pasó de ser un colega en el trabajo y en la oficina a ser ese amigo verdadero; y quien dejó de llamarse mi amigo para pasar a ser compañeros o conocidos. Porque la amistad, igual que cualquier relación, tiene que ser cuidada, mimada, cultivada, no se puede abandonar; al verdadero amigo no le importa tu color, tu religión, tu cultura; tu amigo está contigo siempre, en las buenas y en las malas, no importan las tempestades, las distancias, ni el tiempo que ha pasado; a los amigos los unen muchas cosas en común y los complementan todas sus diferencias...

Para todos mis amigos y para aquellos que una vez lo fueron...

domingo, 13 de junio de 2010

Pesadilla...


Ayer, hablando con una amiga me acordé de una de mis pesadillas más recurrente; se las voy a contar, eso sí: ¡¡¡Cuidadito con reírse, que esto es muy serio!!! Y no está la cosa como para que se estén riendo a mi costa...

Todos tenemos una pesadilla en nuestra vida, recurrente, que se repite, que nos angustia. En mis pesadillas yo no sueño con que me persigue un perro rabioso y no puedo correr; tampoco sueño con que quiero gritar y no puedo; ni siquiera con el famosísimo sueño de que estas marcando un numero que no logras marcar porque te equivocas o porque no puedes verlo; o ese en el que vas desnuda o con poca ropa en medio de la calle; aunque no niego que alguna que otra vez he tenido este tipo de pesadillas, porque después de todo me considero alguito normal, pero no son las mas angustiantes, ni siquiera las que mas se repiten.

Mi pesadilla es la historia; si, si, LA HISTORIA, la historia del colegio; Y NO SE RIAN, COJONA!!! Que esto es muy, pero que muy serio, ya se los dije antes. En el colegio no me lleve nada bien con esta materia, mis compañeras y mi “frustada” profesora de historia puede que se acuerden; la verdad es que en el colegio fui muy mala estudiante; pero la historia tuvo lo suyo, mi encuentro con ella fue del tercer tipo, me rebosó, me angustio, me morrrrtifico durante toda mi vida escolar.

No había forma de que yo entendiera porqué carajos tenía yo que aprenderme tantos y tantos nombres de descubridores, conquistadores, tantas guerras, fechas, movimientos, batallas; y no hablemos de las famosas edades de la historia, que ya es suficiente con ir cumpliendo yo años, como para tener que estar aprendiendo que si los cuadros, que si los monumentos, que si las esculturas y todos, toditos los que pintaron, hicieron o dijeron algo que antes nadie había dicho ni hecho.

Me acuerdo de que en un examen nos iban a salir todos los nombres de los conquistadores de América y la fecha de cada conquista y/o descubrimiento, anda que no había nombres ahí, y por mis c..... que no me los aprendí; al fin y al cabo, nunca he sido cotilla!!!; también recuerdo las mil y unas batallas de la historia de mi país, Dios!!! Cuántos nombres, cuántas fechas, cuántos héroes, cómo carajos se puede pelear tanto y tener tantos presidentes en tan poco tiempo: tampoco me las aprendí; y qué me dicen de las obras arquitectónicas, que había que aprenderse cada tipo de adornito que se les ocurriera ponerles a cualquier simpático sin oficio, porque eso era lo que las identificaba y las diferenciaba entre si; que si el rosetón, o la cúpula, o las columnas que si eran así o asa, te decían si eran del pre-románico o del románico, o qué se yo de dónde o de cuándo.

Después de este pedazo de desahogo que acabo de hacer entenderán porqué mi animadversión con la historia; es que nunca me ha gustao’, es que no puedo con ella, me supera; entiendo que debemos conocer nuestra historia, para entender nuestro presente y mejorar nuestro futuro, muy poético esto, pero igual no me gusta y punto. De ahí mi eterna pesadilla, y no es que na’, es que se repite y se repite, a través de los años, no importa lo que yo ya haya vivido, ella vuelve y vuelve, como Balaguer.

Tengo veinte y tanto años de graduada del cole y todavía me sueño con ella, la historia; resulta, que siempre estamos en el momento presente, y que me llaman del CONES (Consejo Nacional de Educación Superior), donde llegan las calificaciones de estudiantes universitarios de República Dominicana; me llaman, y me dicen que me van a quitar el título de Licenciada, porque debo historia del colegio; que tengo que examinarme otra vez, y que si apruebo, entonces, tengo que volver a la universidad a estudiar empezando de cero, así como si nada, como si fuera sencillo comenzar de nuevo.

Siempre es el presente, y siempre lo que yo he hecho hasta ese momento, no vale, no sirve, ¿PORQUÉ? Porque debo, nada mas y nada menos, que la historia del colegio; y no crean que lo que mas me agobia es volver a empezar la universidad, que eso lo llevo asumido, lo que mas me agobia es TENER QUE ESTUDIAR HISTORIA!!!... Si, rían todo lo que quieran y todo lo que puedan, que ya sé que es de reírse, pero no saben ustedes como despierto bañada en sudor y sin respiración por culpa de mi amiga la historia.

Hasta otra, espero se hayan divertido bastante a costa mía y a pesar de habérselos pedido; la verdad que no les culpo por ello y tampoco les guardo rencor... Besos para todos!!!

sábado, 29 de mayo de 2010

Felicidades Mamá...

Porque me llevaste en tu vientre y me quisiste desde el primer momento;
porque dejaste tu vida de lado para vivir la mía; por todas las noches que pasaste sin dormir junto a mi cama;
por las veces que te alegraste de mi felicidad; por las veces que has llorado mis fracasos;
porque estas ahí siempre;
porque me pusiste alas y me enseñaste a volar;
porque contigo aprendí a caminar, a reír, a cantar, a vivir;
porque siempre serás necesaria en mi vida; porque soy lo que soy porque lo aprendí de ti;
porque entre todas eres la mas bella;
porque cuando me abrazas siento que nada malo me puede pasar;
porque cuando oigo tu voz mi mundo se llena de luz;
porque me quieres tal como soy; porque eres el ser mas hermoso que hizo Dios;
porque eres capaz de grandes sacrificios por mí;
porque te necesito cada día de mi vida;
porque cuando me dejes seguiré necesitándote como niña chica;
porque cuando sea grande me gustaría ser como tú;
porque hueles a galleta, a primavera, a flores;
porque te quiero, porque me quieres y porque te lo mereces...
Feliz Día de las Madres a ti que sin ser mi madre te duelo y me dueles como si lo fueras;
a ti que me diste a tu hijo para compartir mi vida;
a ti, a ti y a ti que me hiciste tía;
a ti que estas embarazada;
a ti que acabas de tener a tu primer hijo;
a ti que estas queriendo serlo y no lo logras;
a ti que te mereces este nombre por tus esfuerzos, sacrificios y dedicación a cuidar niños que no son tuyos;
a ti, mujer dominicana, porque dentro de cada una vive una madre en potencia;
pero sobre todo a ti Mami, porque entre todas eres la madre mas maravillosa que pude tener...
Felicidades en tu día madre dominicana!!!

martes, 11 de mayo de 2010

De paseo en familia...

Vista aérea de Playa Grande

Hace un tiempo escribí algo sobre la familia y decía que la familia es esa que está contigo en los cumpleaños y en los funerales, en las fiestas y en los hospitales, cuando lloras y cuando ríes; esa con la que te peleas, pero con la que sabes que cuentas siempre; la familia son las tortillas españolas, las albóndigas y las habichuelas de la tía Lourdes, los panes con tomates y los yaniqueques y el café de Tico. Esta es mi familia, sin propiedades, sin herencia, sin dinero; españoles, dominicanos e italianos todos unidos en las buenas y en las malas, sin importar las distancias.

Con esta familia, mi familia, hubo una época en la que nos dio por hacer turismo interno por nuestra pequeña y hermosa isla; nuestro primer gran recorrido fue por la costa norte. Era el año 1995, finales de febrero, y era un fin de semana largo por el carnaval y las fiestas patrias, hablo del sábado 25, domingo 26 y lunes 27 de febrero.

Nos reunimos en casa de Tico y Vanessa el 23 de febrero en la tarde para hablar del viaje y los detalles, me acuerdo de éste día por dos razones importantes, la primera porque es el cumple de mami, la segunda es fuente suficiente para otra entrada, por lo que será contada algún otro día; después de mucho conversar y conversar y de escuchar una y otra vez a Berrido, en ese momento la pareja de mi prima, hablando de la diferencia del transporte urbano y el transporte rural, y luego de que el viaje estuvo suspendido y casi cancelado, llegamos a ponernos de acuerdo: Saldríamos el sábado temprano, todos juntos, y tía Thamara sería la encargada de ubicar el hotel, algo pequeño y en el pueblo, porque hospedarnos en un hotel de playa nos salía muy costoso y la idea era divertirnos al máximo con el mínimo de gasto. Terminó la reunión cada uno sabiendo lo que tenía que hacer y con el día, el lugar y la hora en la que nos reuniríamos para iniciar nuestro viaje.

El sábado temprano, nos reunimos todos en casa de mami, éramos, no sé cuanto éramos, pero ahora mismo los nombro uno a uno: tío Mundo, tía Tati, Purita, Evelyn, Carolina, Mundito (no recuerdo a ciencia cierta que estuvieras Mundito, corríjanme si me equivoco) y Rudy; papi, mami, tía Lourdes, Angie, Lourdita, Alex y yo; Mayra y Daniela; Thamara, Berrido, Víctor Manuel y Dharma; Vanessa, Tico, Italina, Huascar, Felo y Cristina; tía Thamara, Tony, Leandro y Daniel (algunos de estos ya no están en la familia, aunque algunos son padres de miembros muy queridos e importantes); no recuerdo si Doña Oneyda y tía Sura también andaban, espero confirmación de alguno de los de arriba.

Como pueden ver nos apuntamos unos cuantos al viaje, y nos repartimos en unos cuantos carros, si, si, carro, porque allí es carro y no coche como aquí, los carros que iban son: el de tío Mundo, Berrido, Tico que aportó dos, papi, tía Thamara y el de Thamara; partimos el sábado en la mañana rumbo a Puerto Plata todos juntos en loca caravana; no se pueden imaginar ustedes la cara de los que nos miraban, cuando parábamos en medio de la carretera (siiii que en República Dominicana esto se puede hacer y no viene la guardia civil a joribiarte el viaje), uno detrás del otro, para tomar agua, refresco o para comer pan con jamón y queso, tortilla o patatas de bolsa, que para eso iba el baúl del carro de papi “timbi” de to’.

Páramos varias veces en el camino, bajo la mirada atónita de los transeúntes; en una de estas, nos tocó parar en un pueblo, porque varios de nosotros teníamos necesidades fisiológicas importantes que resolver; era un pueblo pequeño con lo básico para vivir, no tenían sanitarios, por lo que tuvimos que hacer uso de las letrinas de los paisanos, que no digo yo que no estuvieran algo aturdidos, asustados o paniquiao’ al ver esta turba de gente que invadió sus casitas; fuimos entrando uno a uno, hasta que llegó el turno de Berrido, quien estaba en la letrina, ya saben, haciendo lo que se hace en una letrina, cuando las cuatro hojas de zinc que hacían de pared de ésta cayeron al suelo, no sabemos bien porque, si fue que Berrido se apoyo en ellas, o que vino el lobo y sopló y sopló; el caso es que el Dr. Berrido quedó al descubierto total en el momento mas íntimo y privado de cualquier ser humano, por menos que quisimos reírnos, las carcajadas no faltaron.

Seguimos nuestro camino, seguros de que llegaríamos al hotel y podríamos comer y descansar algo; aaaaamigos, cuando llegamos al hotel reservado para nosotros, ¿qué encontramos?, ya les cuento yo lo que encontramos: llegamos y resulta que las habitaciones dobles, eran dos camas de una plaza (90 cm.), separadas por 10 centímetros entre ellas y con unos colchones que parecía los había llevado Colón en su primer viaje; en cada habitación había un cubo, que cuando se nos ocurrió preguntar que para que estaba ahí, la doña nos dijo: "eso es para cargar el agua para bañarse", no pregunten por el agua tibia, eso era una utopía; teníamos un solo baño, ya saben para 30 personas, entre ellas tres niños de cuatro años, que en lo que nos cepillábamos los dientes y nos bañábamos una a una, ya nos iba a llegar el día de regresarnos; tía Thamara, la pobre, no sabía bien qué decir, después de todo, ella fue la encargada de buscar el lugar; a tío Mundo casi le da lo que andaba, y estaban todos los hombres esperando fuera en lo que las mujeres se ponían de acuerdo en cómo programarían los horarios para entrar al baño y salir algún día de allí; yo por lo pronto ya estaba decidida a dormir en el carro de papi, que por mucho estaría más cómodo que las camas que nos tocaban y de bañarme, ja!!! Ya me bañaría yo cuando regresara a mi casa, así oliera a “chimicuito”, a ver quién me iba a hacer entrar en aquel baño y posar mis pies en la bañera, lo de cepillarse los dientes lo llevaba bien, lo demás no sabía cómo lo resolvería, pues si no pensaba posar los pies, mucho menos pensaba posar lo demás en ningún lugar de aquel baño.

Gracias a Dios que estaban Angie y Alex (el novio de Angie, mi hermana), que habían estado anteriormente en Puerto Plata y se acordaban de un pequeño hotel en el que habían estado; pues pa’lla agarramos todos, y lo cierto es que era un hotelito de lo más acogedor, parecía una casa grande con muchas habitaciones, tenía un pequeño lobby o salón decorado con mueblecitos antiguos y un pequeño televisor, que daban la sensación de que estabas en casa; lo más importante, cada habitación tenía un baño y había agua, incluso salía tibia y todo.

Ocupamos dos plantas de este hotel y nos adueñamos de la cocina y del salón, que pasó a ser nuestro desde que arribamos en él. Como teníamos que cocinar y ya era muy tarde, decidimos irnos a comer por ahí, y llegamos a una “fonda” que se puso de “bote en bote” cuando entramos nosotros, aquí comimos arroz blanco, guandules, habichuelas, carne guisá, en fin de todo un poco. Cuando terminamos, dimos un paseo por el pueblo para conocerlo y terminamos en la Playa San Souci bañándonos hasta bien entrada la tarde, casi noche; llegamos al hotel y cenamos pan con jamón y queso en nuestra cocina que ya habíamos tomado por las buenas, vimos un poco de televisión en nuestro salón y luego marchamos a dormir. Pueden imaginarse que el hotel era casi, casi nuestro, a tal punto que anulamos a los otros huésped que estaban allí.

El domingo nos levantamos temprano y nos fuimos a “buscar” una playa donde bañarnos, salimos sin rumbo y pasamos por Montecristi, allí nos detuvimos para ver los manglares, no recuerdo si llegamos a hacer el recorrido en bote entre ellos, seguro que no, porque después de todo, éramos 30 personas; llegamos a Playa Grande en Río San Juan, hermosa, de arenas blancas y unas olas espectaculares, coronada por un inmenso cielo azul; mi madre ya me había dicho antes de salir del hotel, que ni me llevara el traje de baño, porque yo no podía bañarme, pues la noche anterior había tenido fiebre, yo le dije que sí, pero mi traje de baño me lo llevé puesto; no me mal entiendan, la idea era hacerle caso a mami, pero cuando llegue y vi aquella playa, con aquellas olas y un paisaje que parecía mas bien de postal, se me olvidó que en, algún momento, había pensado en obedecerla, comencé por quitarme el reloj, mi madre al verme la actitud que me dice: “Teresa que no te puedes bañar...” y yo que le digo, no mami, no me baño, sólo voy a mojarme los pies, mientras me quitaba la ropa y me quedaba en traje de baño; ay!!! Tan linda e inocente mi madre, igual no se lo creyó, no creo que no, porque era bastante obvio lo que en adelante iba a hacer; me fui rumbo a la playa, y me metí hasta que me cubrió el cuello, cuánto gozar, cuánto me divertí, cómo lo disfruté...claro que todo tiene consecuencias, y como decía mi abuela “un gustazo, un trancazo”, el trancazo llegaría unos días más tarde, y no de mano de mi madre, no, no, de manos de la providencia o de la justicia divina, da igual como quieran llamarlo.

Regresamos al hotel bien entrada la noche, en un viaje agobiante, largo y cansado, llovía a cántaros, por lo que tuvimos que disminuir la velocidad, recuerdo que se me hizo tan largo que estuve al punto de ponerme histérica dentro del carro porque quería salir, Alex, que era el que conducía, sólo me decía “ya estamos llegando, tranquilizate”.

Al fin llegamos, y nos fuimos a bañar para luego bajar a cenar y ver algo de tele; estaba Angie o Evelyn, no recuerdo cuál era de las dos, en la ducha (dormíamos nosotras tres con Caro y Lourdita en la misma habitación), cuando se fue el agua, Angie o Evelyn, tuvo que salir enjabonada, de pies a cabeza, al medio del pasillo a dar voces para que le subieran agua para quitarse el jabón, a duras penas la pudimos escuchar, imagínense a treinta personas: españoles, italianos y dominicanos, tratando de hablar, a cuál de los tres grupos grite más; cuando estuvimos todos bañados y cenados, nos pusimos a ver televisión, hasta que uno a uno decidió marchar a dormir, pues al otro día dejábamos el hotel, pero antes de regresarnos a casita, iríamos a conocer Samaná y sus playas.

El lunes madrugamos para empacar nuestras cosas y subir todo a los vehículos, desayunamos y nos despedimos de los dueños del hotel, dándoles las gracias por todo y con la promesa de que volveríamos en otro viaje; como dije, nos fuimos rumbo a Samaná, para llegar allí, tuvimos que pasar algunas montañas, que nos regalaron mas de un paisaje espectacular, y a mami más de un susto, que no se atrevió a bajarse del carro, ni siquiera para tomarse la foto de familia al borde de un precipicio, con la bahía de Samaná detrás, el contraste del verde y el azul nos regaló una foto de familia maravillosa.

Llegamos a la playa, esta vez ya no me dijeron que no me bañaran, total ya el desastre estaba hecho; la playa era hermosa, con arenas blancas y aguas cristalinas, y una tranquilidad que daba la sensación que el mundo estaba muy, muy lejos.

Llegó el momento de marcharnos y decidimos entrar al pueblo de Samaná, a comer pescado con coco, con tanta suerte que ni pescado, ni coco, estaban de fiesta y no había un alma en las calles; encontramos una panadería abierta y entramos toooooodos a comprar pan, dejando una vez más a los dependientes con los ojos a cuadritos, nos llevamos todo lo que había, ósea, que la panadería ese día hizo su agosto con la turba. Lourdita y Caro, que en ese entonces eran dos renacuajas, pidieron ir al baño, y entramos hasta el salón de una casa para que nos prestarán el baño, como la gente de mi país es tan amable y nosotros teníamos tanto morro, nos lo dejaron sin ningún reparo.

Emprendimos el viaje de regreso a la capital, en el que nos encontramos con comparsas celebrando nuestra fiesta de carnaval.

Llegamos a casa agotados y muy cansados, pero con la sensación de haber pasado unos días inolvidables e irrepetibles, regresamos a prepararnos para al otro día ir a trabajar y los niños regresar al colegio.

Todos volvimos a nuestro diario vivir, y se acuerdan de mi baño de playa encima de la cabeza de mi madre, y del trancazo del que les hablé, pues bien, resulta que estaba yo trabajando cuando siento un pequeño picor en los labios, mi compañera de trabajo, me dice que eso es un herpes y me dice que me compre una crema para parar su crecimiento, les juro que era la primera vez en mi vida que escuchaba la palabra “herpes”, nunca me había dado ni por asomo algo así; llamé a mi padre para que me la comprara de camino a casa, esa noche era la despedida de mami de sus compañeros de trabajos, pues dejaba la compañía después de 30 y tantos años de trabajo; yo fui tranquila a mi fiesta, eso sí con mi labio embatuzado de la crema, era la primera vez que me salía una cosa de esas y mucha experiencia no tenía yo, la verdad; marché a dormir con la certeza de que la cremita había hecho su trabajo y al otro día la cosa esa que tenía en el labio habría desparecido; Vaya sorpresa la mía, cuando me levanto para irme a trabajar, entro al baño y me miro en el espejo, no se imaginan ustedes lo que parecía yo, el labio me había crecido hasta la nariz, me veía como la mujer elefante; le dije a papi, mira yo hoy no voy a trabajar, porque parezco un mono de feria, y me acosté otra vez en mi cama; cuando mi madre me vio, puso el grito al cielo, miren a ver si estaba yo guapa con mi labio a lo Angelina Jolie, llamó a Thamara, la prima médico de la famila, para que me fuera a ver.

Resultado un herpes alérgico a causa del sol y la fiebre, complicado con paperas del lado derecho de la cara; ja, ja, ja, una semana sin trabajar con el labio mas grande que el de la mona Chita, no podía ni comer, el labio no me lo podía cubrir de lo enoooorme que estaba; me pusieron bajo tratamiento de antibióticos y me dejaron en cama; y allí que fueron mis primas Purita y Evelyn a visitarme y cuando me vieron no dejaron de hacer bromas al respecto, cosas como : “priiiiima y ese labio tan sexy...”, con ellas me reí, hasta que llegó papi y me dijo: “Mija, usted si está fea...”, ya estaba en el segundo día de tratamiento y, hasta ese momento, no me había vuelto a parar frente al espejo, pero al decirme papi eso fui a verme, y comencé a llorar porque “mira lo fea que estoy...” “parezco la mujer elefante...” “ya me voy a quedar así para siempre...”, etc., etc., etc., mis hermanas y mi madre consolándome y tratando de echarme ánimos, y yo con la firme convicción de que aquello me había pasado por desobediente y de que por eso me quedaría así de guapísima para el resto de mis días.

Ya ven como si que era justicia divina lo del trancazo, desde entonces, cada vez que cojo sol o me da una calentura, ahí que viene el herpes, no con toda la premeditación y alebocia del primero, pero jamás me he podido deshacer de tan molesto bicharajo; eso si, el labio volvió a su lugar, gracias a Dios, y yo volví a ser la de siempre, para tranquilidad mía.

Hicimos varios viajes más juntos, pero ninguno igual a este, eran mas bien paseos de ida y vuelta; este viaje fue inolvidable, único y muy especial y el año 1995 fue un año espectacular en donde compartimos muuuuchas cosas como familia. En este año nació el bebo, primer nieto de sus abuelos y un sobrino para la barsa de primas, que ya estaba gestándose en este viaje que acabo de contar, pero del que no nos dimos cuenta hasta meses mas tarde, por razones que no vienen al cuento ahora. De todo esto tengo muchas fotos, pero están donde está la otra parte de mi vida, junto a todos y cada uno de los recuerdos maravillosos que conservo en la memoria y junto a esa familia, que pase lo que pase, permanece unida.

Por aquellos días que no volverán...

Perdonen si me equivoco con los nombres de los lugares, tomen en cuenta que de esto hace ya 15 años y mi memoria es buena pero no milagrosa.

miércoles, 21 de abril de 2010

Un extraño en casa...

Hace unos días atrás estaba viendo la televisión, y de repente me acordé de algo que me hizo estallar en carcajadas; Flobre que estaba al lado mío, me mira con cara de "¿¿¿Y a ti que carajos te dio???", y yo le explico que me estaba acordando de la noche en Cereceda en la que tuvimos aquella extraña visita; y me reía porque la historia tiene lo suyo. Era una noche de verano, el año 2006, y era alrededor de media noche, ya llevábamos un año aquí; estábamos viendo la televisión, y como dije, aún vivíamos en Cereceda, la pequeña aldea donde nació mi padre, hermosa y paradisiaca, situada en la falda del Monte Sueve en Piloña. Estábamos todos juntos en la cama, menos el pequeño Jose que ya se había dormido; en aquel entonces vivíamos en tres habitaciones: una cocina, una habitación para dormir y el baño, por lo que dormíamos los cuatro en una misma habitación, aunque en diferentes camas. En un corte comercial aproveché para ir al baño, abrí la ventana para ver el cielo, pues siempre me gustó el cielo de Cereceda repleto de estrellas, sobre todo en las noches de verano, que parece que están tan cerca que podrías tocarlas con sólo alzar las manos.
Estaba yo en mi momento estrellas del cielo, cuando escuché un sonido que parecía provenir del desván de la casa, sonaba como una persona adulta con dificultad para respirar; como no se suponía que hubiese nadie mas en casa, llamé a Flobre y le digo: "shhh, escucha..." y efectivamente él escuchó el mismo sonido; pero ya saben todos los que conocen a Flobre, lo muy dueño de sí que es y lo muy suave que coge las cosas, al punto de que puede estar cayéndose el mundo, que el no se inmutará. Empezó a hacer conjeturas, que si un zorro, que si un gato, que si un ratón; conjeturas que yo desmontaba una a una, porque el zorro, como carajos va a subir al desván, y el gato, el gato no hace ese tipo de ruidos y el ratón menos; para este momento ya yo había agarrado a mi hijo que estaba durmiendo en la otra cama, y a mi hija y me había metido con los dos en mi cama, cual gallina con sus pollitos, como si yo sola pudiera protegerlos de cualquier intruso que anduviera cerca. Me pasarón todo tipo de ideas en la cabeza, sobre todo en el momento en que, sea lo que fuera que estaba arriba, cruzó el desván de un lado a otro en lo que parecía ser una carrera, además de que, a parte de la extraña respiración, también se escuchaba como si alguien estuviese tocando una puerta, y hasta una tabla de madera cayó al suelo. En en ese momento las teorías del gato y el ratón se había desmontado completamente, pues más sigilosos que estos dos no hay animal; fue cuando le dije a Flobre: “ni gatos, ni zorros, ni leches, eso es un hombre y tú llamas a la policía o yo agarro el coche, monto a mis dos muchachos en él y me voy para Infiesto a dormir frente al cuartel de la policía, en lo que todo esto se aclara”. Acto seguido, luego de este ulitmatum, mi paciente marido llamó a la policía, y en unos 15 minutos los teníamos en casa. Las noches en Cereceda estan iluminada sólo por las estrellas y la luna, no hay farolas y las dos casas que hay no encienden luces; los policías se pusieron a “inspeccionar” el lugar, acompañados de mi marido y de una pequeña linterna; dieron un rodeo a la casa, y volvió a escucharse “la respiración”, Flobre le dice: “ahí está, ¿la escucharon?”, uno de ellos dijo haberla oído, pero el otro se quedó con cara de “ a mí que me cuentas, yo no oigo nada!!!”; siguieron buscando por los alrededores de la casa, y al no encontrar nada decidieron subir al desván; a todo esto, yo seguía como mamá gallina, con mis dos muchachos debajo del brazo, protegiéndolos de nuestro “hombre asmático”. Buscaron la escalera, abrieron la puerta que iba al desván, que estaba situada en el techo justo al lado de la cama donde dormíamos Flobre y yo, y donde me encontraba yo con mis hijos protegiéndolos contra el crimen; el policía, muy amablemente, me pidió permiso luego de dar las buenas noches, y subió al desván delante de Flobre; ¡¡¡Vaya sorpresa con la que se toparon al llegar arriba!!! Nuestro extraño visitante era una madre lechuza con su cría. Los ruidos que escuchábamos, que parecían de alguien tocando la puerta, era ésta dándole picotazos a una pequeña ventana donde se reflejaba la luna, tratando de salir; los pasos era ella, de un lugar a otro, tratando de escapar de aquel lugar; y la tabla que cayó, ¡pobrecita! me imagino que fue producto de algún coñazo que se dió; y la respiración del hombre asmático era, nada mas y nada menos, que la respiración de la cría, que según supimos, nosotros y los policías ese día, es el sonido típico de ellos cuando están así de pequeños. La noche terminó de esta manera: Flobre hablando con los polis afuera, en la puerta de la casa, de Bávaro, pues uno de ellos había estado allí; Jose durmiendo, sin enterarse de nada; Marú en la cama junto a mi; y yo mirando la televisión con mis dos hijos, luego de que nuestro intruso con problemas de respiración se esfumara. Cuando Flobre entró, al cabo de hora y media, me explicó todos y cada uno de los ruidos que habíamos escuchado y lo hermosa e impresionante que era mamá lechuza cuando abrió las alas para salir por la ventana, que previamente le habían abierto, y lo sumamente tierno que era el lechucito que tan tremendo susto me había hecho pasar. Al otro día subimos todos, cámara en mano, a conocer a nuestro pequeño visitante, y a ver si nos topábamos con mamá lechuza para conocerla y pedirle permiso para fotografiarla y documentar así uno de los momentos mas acojonantes que he pasado en mi vida; los que me conocen bien saben que a pocas cosas les tengo miedo en esta vida, pero es que no era yo la que estaba en “peligro” eran mis dos polluelos, y ahí sí que me vuelvo tantito cobarde. No encontramos a mamá lechuza y nuestro pequeño inquilino se asustó y se ocultó, al ver la turba que había subido, otra vez, a invadir su, hasta la noche anterior, tranquilo hogar. Cuando días mas tarde se lo contamos a mis tíos, que vivían sólo a unos pasos de nosotros al bajar la colina, fue tanta la risa que les dio que hasta ignorante me sentí, porque para ellos era tan normal aquel sonido, que no se explicaban cómo nosotros no lo habíamos reconocido. ¡¡¡Jolines!!! Como pa’reconocer el sonido de un animal que, hasta ese momento, sólo había visto en las fotos de los libros de geografía y en las enciclopedias ilustradas. Lo que si me queda claro, es que los PDV debemos ser los protagonistas de una de esas anécdotas que se cuentan entre colegas mientras se comen churros con chocolate en el bar de la esquina.
Hasta la próxima....

martes, 13 de abril de 2010

Hasta mañana...

Aquella noche, antes de irse a dormir le preguntó: "cuándo vuelves a dormir conmigo, es que ya no te gusta?"; desde que se habían mudado a la casa grande, dormían juntos, no por falta de camas, sino para cuidarle durante la noche. Respondió: "pronto dormiré contigo otra vez; cuando todo haya pasado me quedaré a tu lado para cuidarte y no dejar que nada malo te pase". Marcharon a la cama sin saber que aquella era la última vez que se veían...
Hasta mañana...

lunes, 29 de marzo de 2010

Feliz Cumpleaños Don Flobre, esté donde esté...

Hoy, mientras comiamos una comida típica de mi Quisqueya, no pude evitar trasladar mis recuerdos y verme sentada en la mesa en casa de mis suegros, y volver a vivir, por un instante, aquellos días en los que veía disfrutar a mi querido Don Flobre de su plato de arroz con abundante habichuela y ricamente “salciao’” con salsa de carne guisa’. Sentí nostalgia, primero porque aquellos días han quedado atrás y luego porque ya mi suegro no está. Cuando marché no imagine que jamás volvería a encontrarle, porque cuando regresé aquel verano, de aquel viejo lleno de vida no quedaba nada, había iniciado el camino a un largo viaje del que nunca regresaría. Me quedé con el deseo de comer concón con habichuela junto a él; de compartir una Presidente bien fría en la galería de su casa, comprada especialmente para “mi nuera”; me quedé con el deseo de verlo reñir como lo hacía antes. No encontré a mi Don Flobre, encontré lo que había dejado de él la enfermedad; bastarón dos años, sólo dos años. cuando lo vi, pasaron tantas cosas por mi cabeza: las fiestas, las tardes en su casa; mis sueños de ver a mi hija bailar un merengue con él en sus quince años...
Don Flobre era un ser muy especial, una de esas personas con un gran corazón, a la que es muy fácil tenerle mucho cariño; fue el único de mi familia política que vio más allá del físico, o de lo que pudiera ofrecer; siempre me demostró que me quería, aún cuando yo hiciera mis berrinches de niña malcriada, o a pesar de no estar de acuerdo conmigo. Siempre dijo que era como su hija, y así me trató, como padre a hija, que a pesar de sus muchos errores no le niega la palabra, ni deja de darle un beso y un abrazo del todo sincero. Se me fue, y aún cuando estuve allí para verlo partir, creo que le volveré a encontrar, cuando vuelva a mi país, esperándome en su galería, dispuesto a darme uno de esos abrazos grande, sincero y lleno de amor. Hablar de Don Flobre es hablar de honestidad, de valores, de pulcritud y de amor para los que les rodeaban. A Don Flobre le encantaban las Navidades, los cumpleaños y los brownnies; disfrutaba como enano de un día de reyes junto a sus nietos, y de una siesta en una tarde cualquiera. Trato de que mis hijos nunca le olviden, porque es un abuelo al que ningún nieto debería olvidar, pero es difícil, eran muy pequeños. Yo por mi parte, siempre le diré lo bueno y maravilloso que era, y siempre sabrán que para mí fue el mejor suegro que me pudo tocar. Doy gracias a Dios por darme la oportunidad de conocer a una persona como él, que junto a mis padres, forman los pilares de lo que soy hoy en día. Siempre le llevaré en mi corazón mi querido Don Flobre…