lunes, 22 de febrero de 2010

Gracias por tanto, gracias por todo…

Tengo días tratando de hacer esta entrada para mi blog, desde el cumple de mi padre exactamente, un mes atrás; las palabras no me salen, la musa no se manifiesta; hay tantas cosas que quisiera decirles, y las palabras no fluyen, no salen, brillan por su ausencia. Me surgen para otros temas. Tal vez, es que tengo tantas cosas que decirles, tantos sentimientos que expresarles, que no me sale nada de nada. Gracias por ser esos seres maravillosos que me dieron la vida; gracias por haber forjado mi carácter, mi corazón y mi alma; porque gracias a ustedes, hoy soy quien soy, una madre dispuesta a morir por sus hijos, igual que ustedes. Gracias por cada una de esas noches sin dormir, mientras me cuidaban; gracias por cada llamado de atención, por cada nalgada o cachetada, que me distes, porque sé que me las merecía; gracias por cada sonrisa, por cada abrazo, por cada palabra de cariño. Gracias por hacerme sentir segura dentro de mi casa, protegida, salvaguardada de cualquier peligro. Gracias por tanto amor dado a borbotones, sin medida, sin quedarse nada para ustedes. Gracias por enseñarme a levantarme cada vez que caí, porque nunca me dejaron sumirme en mi propia porquería, porque me enseñaron a sacar lo mejor de mí. Gracias porque hoy enfrento la vida con valentía; porque hoy me levanto tantas veces como caigo; porque hoy sonrío a pesar de las dificultades.
Papi, de manos grandes y ojos tristes. Alto, delgado y guapo; trabajador, madrugador y deportista. Que puedo decir de ti, que no suene repetitivo en boca de una hija. Eres un ser excepcional y maravilloso; de carácter amable, hasta que te enojas, ¡¡¡uyyy Cuando te enojas, cómo te enojas!!!, pero aún así, enojado, eres bueno y cariñoso. Padre amoroso, abuelo consentidor y suegro admirado y querido. Eres un ejemplo a seguir; me enseñaste que puedes querer a los demás, aún cuando los demás te hacen daño y te insultan; de ti aprendí la palabra honestidad, responsabilidad, amabilidad, sencillez. El que te conoce, no puede evitar quererte y admirarte, porque así eres tú. Pareces niño chiquito, cuando llegas los domingos del fútbol, todo lleno de lodo y con unos cuantos moretones en la piel; mami te riñe, pero tu ya te divertiste, y si a juzgar por el sucio que llevas, te divertiste mucho bastante. De pocas palabras, y a veces de pocos oídos, creo que es ahí donde radica el secreto de tu éxito.
Y tú, mami, que te digo a ti: me enseñaste a ser fuerte, a enfrentarme a la vida con decisión y coraje. Como dice la canción de Amaya, me cosiste las alas y me enseñaste a volar. Sabes lo que me pasa, sólo con mirarme, sin necesidad de palabras. Eres un remanso de paz, un oasis en el desierto, una bocanada de aire, el agua cuando tienes sed. Todavía hoy, así de grande como soy, necesito de tus brazos cuando estoy mal, necesito tus besos cuando la situación se torna difícil, necesito tus manos para levantarme cuando caigo; y es que tus abrazos calman mis temores, tus palabras tranquilizan mis inquietudes y tus besos me llenan seguridad. Siempre has impulsado mi motor, me enseñaste, que por fuerte que vienen los vientos, hay que soltar amarras y navegar, salir adelante, salir a flote; que la vida hay que vivirla con una sonrisa y con actitud positiva, pase lo que pase, nos golpee por donde nos golpee. Eres hermosa, tienes los ojos grandes y muy negros, tan grandes que a veces parecen se salen de la cara, y cuando me miran me llenan de luz; tienes el aroma de las flores, del campo, de la primavera; al igual que papi, eres un ser fantástico, lleno de bondad y de perdón hacia los demás; eres la persona mas valiente que conozco, cuando estoy mal, pienso en ti y todo pasa.
Hoy más que otros días necesito poder abrazarlos, necesito un beso y una palabra de cariño. Hoy estoy muy lejos, y ni el Internet, ni las cámaras pueden hacerme sentir cerca. Hoy quisiera ser pequeña otra vez, y como cuando era niña y veía fantasmas, sentirlos en mi cama diciéndome que todo esta bien, que nada me va a pasar. Hoy me abrazaré a mis hijos y les haré sentir que todo está bien, que nada puede pasarles mientras mami esté con ellos. Feliz cumple mami, recibe un abrazo y un beso, y feliz cumple papi, atrasado, sí, pero es que mi musa estuvo de vacaciones… Gracias por todo, les quiero mucho!!!

viernes, 19 de febrero de 2010

Mientras mas conozco a las personas.....

....más quiero a mi perro, y no tengo. Está tarde mi vecina, la señora mayor que vive a dos puertas de la mía, nos trajo de regalo unos hojaldres rellenos de chocolate, y la semana pasada nos regalo dos botes de mermelada de ciruela, porque según ella, le estaban dando repugnancia. Hasta aquí todo bien, la típica buena vecina con la que tengo buena relación; pero es que es aquí donde está la cuestión: Hace apenas un año esta buena vecina dejo de hablarme por yo estar de sabrosita. Si señores, como lo oyen, perdón como lo leen, por yo estar de sabrosita.
Vayamos por parte, como Jack. La vecina y yo teníamos una relación envidiable, ella venía a mi casa a tomar café y algún que otro chupito de licor, y nosotros íbamos algunas tardes a tomar el café con ella; yo la llevaba hasta la peluquería y, si ella necesitaba ir a algún lado, yo, si podía, la llevaba; incluso llegué a brindar con ella y su familia en un año nuevo; si yo tenía que dejar a los niños solos en casa, le pedía a ella que me les diera la vuelta, y a ellos que, cualquier cosa, que fueran hasta su piso. El día de las madres, para Navidad y para su cumple le hacía un regalito. En fin, la llegue a considerar una madre, guardando las distancias, claro está, y de ella para mí frases como: "que guapa ye" "que maja ye" "dame un beso, fija" "dejame darte una abrazo, mocina", eran mas que naturales, y bien recibidas por mi; me gusta llevar la fiesta en paz, y si es posible tener buenas relaciones a mi alrededor; estaba muy contenta con mi vecina!!!!
Dónde falla el cuento?; el año pasado, para su cumple, que coincide con el día de reyes, se me ocurrió regalarle una polvorones hechos por mi; compré los ingredientes, le dediqué tiempo a hacerlos y le dediqué tiempo a darle buena presentación. Ahora bien, a mi vecina NO LE GUSTARON mis polvorones y VINO A DEVOLVERMELOS, luego de yo venir de mi misa del día de reyes, feliz y contenta con mi familia, mi madre incluida, y lo hizo con estas palabras textuales:
-Ay!!! fija, yo agradezco tu buena intención, pero es que no me gustó eso que me diste, y te los voy a devolver
-bueno, si no te gustaron regalalos o simplemente tíralos, porque yo te los regalé y no los quiero"
-Bueno, Mari, yo los tiro, pero no te vuelvo a dirigir la palabra...
-A ver, vecina, si tu amistad y la mía valen unos polvorones, pues mira, tú misma!!!
Se pueden imaginar la escena luego de que ella marchara, mi madre llorando y diciendome: "Teresa, que es una señora mayor" y yo que le decía: "Ah si!!! y eso le da derecho a hacerme esto, tú sabes bien como me encontraba yo cuando me levanté a hacerlos, no..." "Si, pero ella es mayor, ve y pídele perdón!!!" "Osea y todo!!!, encima, soy yo la que debe pedir perdón!!!"; y la verdad es que los hice con todo mi cariño, si, pero bajo una fiebre y un dolor en el cuerpo entero que no me dejaba moverme.
Se ve que los tiró, pues cumplió su promesa, dejó de hablarme a mi y a mis hijos a los, que según ella, taaaanto quería; y yo, pase de ser maja y guapa, a ser ignorada. Yo no dejé de hablarle, ella a mi sí; cuando nos encontrábamos en los pasillos, yo la saludaba y ella me ladraba; a mis hijos dejo de hablarles y abrazarles; dejó de irse con nosotros en el coche, no porque yo no fuera a tocarle la puerta mas de una vez, sino porque ella me inventó mas de una excusa, hasta que yo lo dejé por la paz.
Yo continuaba saludandola, pues por mí no iba a quedar; eso sí, me juré no volver a estar de sabrosa, jamás se me ocurre regalarle algo a nadie mas que me cueste, además de muuuucho dinero, todo mi esfuerzo; porque en algo estoy muy clara, si hubiese ido a IKEA y le compraba un cactos de 3 euros, quedó bien, gasto menos, me doy un paseo y no me dejan de hablar.
Pues en esta situación estuvimos hasta un buen día, que se ve que ella sola sudo su mala leche, y así como me dejo de hablar de un día para otro, así mismo de un día para otro, me trajo los dos botes de mermelada y los hojaldres está tarde; pasando porque hoy en la mañana Flobre le ofreció darle un empujón hasta La Felguera, pues estaba lloviendo y ella lo aceptó; desde luego, que si voy yo a llevarla, me tiene que pedir el empujón ella a mí, porque ofrecercelo yo....no sé, lo veo difícil.
Ahora bien, digo yo, que está bueno que me pase por estar de sabrosita, como dije al principio. No me queda mas que reírme y esperar a que alguien me explique la complejidad de los seres humanos, que tu tratas de ser amable y te devuelven con esto....

lunes, 15 de febrero de 2010

Las niñas....

Tita, Mari y Angie
Ya crecieron las niñas, ya no van al colegio y ya hicieron sus vidas. Ya no podemos refugiarnos en los brazos de papi y mami, y ya los problemas no son que el papi no nos deja ir a la discoteca con los amigos. Nos separamos, o por lo menos yo me separé, crucé el charco y deje dos terceras partes de una misma materia al otro lado del Atlántico; porque, a pesar de nuestras diferencias, de nuestros pleitos y de nuestras riñas, somos hermanas, y nos complementamos, nos apoyamos, nos protegemos; hay de aquel que se meta con cualquiera de nosotras, que enseguida las otras dos sacan sus uñas. Somos las chicas superpoderosas, los ángeles de Eugenio y Yolanda, las tres mosqueteras, las tres que echaron a Pedro en el pozo, tres gotas de un mismo estanque, tan iguales y a la vez tan diferentes entre sí.
Las niñas pelean, se tiran de los cabellos, se disgustan, y es que somos hermanas; existe un vínculo, un lazo, una complicidad entre nosotras, que ni el tiempo, ni la distancia van a romper.
Angie es la rebeldía, la curiosidad, la creatividad; Angie es mi cómplice, mi amiga, quien me protege; siempre va un paso por delante de mi, me enseñó a ver la vida a través de otro cristal, con ella aprendí que el mundo es de los que se arriesgan y de los que creen en ellos mismos, de los valientes, y que los tímidos no tenemos nada que hacer en él. Fuimos de la mano, caminando una al lado de la otra; iniciamos nuestras vidas al mismo tiempo, juntas salimos a la vida profesional, y juntas nos hicimos madres. Vivimos nuestros embarazos de forma paralela, nos lo consultabamos todo, tanto compartimos, que nuestras preciosas niñas decidieron que ningusa se graduaría primero de madre, así parimos juntas, en distintos hospitales, pero juntas. Su hija es mi hija, y mis hijos son sus hijos, porque es así, porque, para nosotros eso es la familia, eso es la unión, compartir hasta los momentos mas íntimos y personales, una al lado de la otra; aprendimos juntas a ser madres y nos equivocamos juntas, ella lloró mis miedos y yo reí sus alegrías, siempre juntas, siempre unidas, a pesar de que ella era las alas y yo era el miedo a volar.
Lourdita, mi pequeña Tita; Tita es rabicuda, testaruda, con una sonrisa que ilumina el lugar donde está; de pequeña la recuerdo de tres formas: riendo, hablando y chillando; cómo chillaba, tenía un pitido que se metía en lo mas profundo del oído; y hablaba, vaya que hablaba, sino que se lo pregunten a la gallina. De pequeña era mas inteligente que el hambre, mas de una vez nos echo de cabeza a la Angie y a mi. Mi pequeña diablita, aún recuerdo aquel primer consejo, aquella primera charla, como de madre se tratara, con ella dí mis primeros pininos en esta ardua empresa de la maternidad. Creo que Dios me envió una como ella, sólo para mí, porque veo a mi Maruchi y la veo a ella, su mismo pelo, parecido carácter, su mismo galillo y una risa que llena el espacio. La Tita se multiplicó por dos, y se desdobló en un hermoso sol, que al igual que ella, es rabicudo, testarudo, y con una sonrisa que ilumina el lugar; habla, chilla y ríe igual que ella.
Mis hermanas están muy lejos, y las necesito tanto, porque aquí no tengo con quien disgustarme, con quien pelear, con quien tener un punto de desencuentro. No tengo con quien hacer tarde de hermanas, o tarde de hermanas con hijos, o simplemente tardes de no hacer nada, mirándonos unas a otras en el salón de la casa de mami.
Cuánto me gustaría que mis hijos presumieran de esas tías supercojonudas que son mis hermanas. Las quiero mucho pequeñas!!!!

viernes, 12 de febrero de 2010

La mañana del humo negro.....

En ese entonces vivíamos en la Calle Altagracia, No. 1, encima de la Ferretería Americana de la Av. Mella. Era un apartamento enorme, y ahí nacieron mis tres hermanos; recuerdo sus escaleras, que iban dando vueltas hasta llegar arriba, acompañadas de descansos, para poder tomar aire antes de seguir subiendo peldaños. Cuando llegabas al final, te encontrabas a la derecha con una enorme puerta que daba al inmenso patio, y a la derecha veías un pasillo largo que te llevaba a la casa; por el pasillo te topabas con algunas habitaciones a la derecha: la de Dignorah, nuestra nana, era la primera de todas y luego veías la habitación donde estaban nuestros juguetes, muñecas y peluches; a la derecha habían muchas ventanas que dividían el pasillo de lo que hoy yo llamaría el family room, pues era una terraza, patio, comedor, donde estaba la tele, y el equipo de música. Al final del pasillo estaba la habitación de mis padres, y comunicandose con esta, la que fue nuestra habitación, y que luego pasaría a ser la habitación de Eugenito, decorada cuidando todos los detalles, para el varoncito de la casa. A la derecha de la habitación de mis padres, puerta con puerta, había una pequeña sala, que luego se convertiría en la habitación de las niñas, hermosamente decorada con cubrecamas y cortinas en rosa, diseño de la tía y de la abuela y paredes llenas de peluches y muñecas de colección. Al lado de está habitación estaba el baño, del cual hoy me acuerdo perfectamente: tenía una ventana y la bañera estaba a la derecha de la puerta, entre la bañera y la puerta, estaba el closet donde se guardaban el papel de baño, pasta de dientes, medicamentos, maquillaje de mi madre y donde, también estaba el calentador, al otro lado, y en este mismo orden, estaban el lavamanos, la taza del baño y el bide; la puerta del armario era un enorme espejo, el cual nos acompañó hasta hace poco en cada una de las mudanzas. Las habitaciones de mis padres, la nuestra y la de Eugenito, estaba rodeada de un balcón que daba parte a la Av. Mella, parte a la Calle La Altagracia, y al cual no nos dejaban salir porque eramos muy pequeños. Desde la habitación de mis padres y de Ninin, podías acceder al salón, donde había un juego de muebles super guay de color rojo; desde este salón podías acceder a la cocina y a la terraza, y a él podías llegar, además, por el enorme pasillo, girando a la izquierda, justo antes de darte de narices con la puerta de la habitación de mis padres. La cocina también tenía lo suyo, era grande y larga, dividida en dos, por una puerta, en una parte estaba la estufa y un fregadero, y en la otra estaban el frizer y la nevera, otro lavadero y una gran meseta donde habían toda clase de electrodomésticos. El patio era enorme, o por lo menos así lo recuerdo, una parte de él daba a la calle y el otro estaba bordeado por una gran vaya que nos dividía de otra dos casas, en una de la cuales vivió mi padre de soltero; si salías a la terraza por la cocina, te encontrabas con un baño a la derecha, y una habitación donde solía dormir algunas de las muchachas que trabajaron en mi casa. El patio estaba separado de la terraza por una enorme reja de color negro, como dije antes, era grande, y en el estaba el lavadero, donde teníamos la casa del perro; frente al lavadero, estaban los tanques de gas, las bombonas de agua y el enorme cajón, que era el ventilador del aire acondicionado de la ferretería, que nos quedaba justo abajo.
Así era mi casa, nuestra casa, donde éramos los Díaz Vázquez, y dónde estaban todas nuestras cosas, juegos, discos, muebles, etc.; en ésta sentía llegar la navidad, y desde su balcón podía ver el desfile de reyes; si gritaba lo suficientemente fuerte, mi madre podía escucharme, pues trabajaba en la ferretería, cuyo techo era nuestro suelo....
Un día salimos, como cualquier otro rumbo al colegio, era viernes, y había entrega de notas y reunión de padres en la noche. Del colegio nos fuimos a casa de la abuela, y al final de la tarde, Angie insistió tanto en que nos dejaran a dormir con abuela, que terminamos durmiendo las tres niñas con ella, vivíamos muy cerca, pero la debilidad de mi hermana era estar en casa con la abuela; recuerdo, haber hablado con mis padres, desde el teléfono que estaba en la mesa de noche de la habitación de abuela, y haberle preguntado, cómo me había ido en las notas, estaba yo en quinto de primaria y no sé yo porque estaba especialmente preocupada por mis calificaciones, hablé con ellos y me dijeron que estaba todo bien, nos despedimos y marchamos a dormir, mis hermanas y yo.
Al levantarme, al día siguiente, salí de la habitación y me senté en una mecedora en el salón de la casa; la mecedora estaba perpendicular a la galería, miré hacía afuera, y vi una enorme nube de humo negro, pensé, algo se quema ahí afuera; no había movimiento en casa de mi abuela, salí a la terraza a ver que pasaba, entonces vi a la muchacha que estaba trabajando en casa, y a mi hermanito, me senté en la mesa sin entender bien lo que estaba pasando, mas tarde llegó mi padre, y nos dijo: "Nuestra casa se quemó"; realmente, había entrado en llamas la ferretería mientras ellos dormían; les avisó una persona de la zona, que al ver lo que estaba pasando les gritó, les despertó y pudieron salir rápidamente; a esa hora todavía no sabían los daños que habían, pero recuerdo escucharlo comentar, el alivio que sintió cuando vio a nuestra perrita, que había sido rescatada por los bomberos, después de haber sobrevivido a las llamas y al humo, a él con las prisas de avisar a la muchacha que dormía en su habitación y tomar en brazos a Eugenito, se les había quedado olvidada arriba; en ese momento caí en la cuenta de que Rinita, nuestra perrita, andaba dando vueltas por la casa de mi abuela.
Lo que vino después es todo muy confuso, la casa de mi abuela se llenó de gente, Dignorah, la persona que nos había cuidado, había llegado desde su pueblo para ayudar, pues ya hacía tiempo no trabajaba con nosotros; cuando pasó todo, y las llamas y el calor habían pasado, permitieron a mis padres subir a ver su casa. No puedo decir que la casa se quemó, pues todo estaba intacto arriba, con olor a quemado, y castigado por el calor y el humo, pero no ardió nada dentro; todo quedo chamuscado, nuestros juegos, nuestros muebles, por más que lavaron y lavaron, nada volvió a ser como antes. Cuando nos dejaron, a nosotros los niños, subir arriba, pude ver cómo había quedado todo, se podía oler el humo, y el suelo de nuestro patio estaba agrietado y levantado, al igual que el patio de la vecina, cuya casa también había sido afectada. A mis padres entonces, les tocó guardar su vida en cajas, cargar sus muebles y sus sueños, meterlos en una habitación en casa de mi abuela y mudarse con sus hijos allí, hasta que pudieran encontrar un lugar donde vivir. Tengo que decir, que en mis recuerdos guardo una tormenta y un temblor de tierra, que se sucedieron uno o dos días después de este incendio; pero ya estos son mas que borrosos, sólo recuerdo estar sentada sobre la cama en la habitación que seria la de mis padres, en casa de abuela, creo que llovía a cantaros, y creo recordar sentir el temblor de tierra.....pero de esto no puedo dar fiel testimonio.
Este fue el primer día del resto de nuestras vidas, porque a partir de aquí, nada volvería a ser igual, porque, luego, la historia se complicaría un poco mas....
El incendio sucedió el 2 de noviembre del año 1979, justo dos meses después de que el Ciclón David azotará a la República Dominicana el 29 de agosto del mismo año. Al año siguiente, en 1980, al finalizar la Semana Santa, le diagnosticaron la leucemia a Eugenito. Creo que las fechas van así, si estoy errada en alguna de ellas, por favor me lo hacen saber.
De cómo una niña de 10 años vivió aquellos días en la vida de los Díaz Vázquez. Hasta la próxima.....

jueves, 4 de febrero de 2010

Un sol para mi....

En una entrada anterior, a propósito de mi aniversario de boda, hablé de la suerte que había tenido al casarme con el que hoy es mi esposo. Esta tarde, mientras chateaba con mi hermana, recordé uno de los tantos momentos especiales vividos junto a él. Era el 02 de diciembre de 1995, y habíamos estado en la boda de su hermana, luego de la fiesta nos fuimos todos los amigos a bailar a una discoteca; yo iba acompañada de alguien que se supone estaba enamorado de mí, pero para variar, quien se ocupaba de que yo estuviera bien y no me faltara nada era Flobre. Entramos a la discoteca y estaba toda decorada con motivos navideños, del techo pendían de hilos de nylon soles, lunas y estrellas doradas; recuerdo que nos paramos junto a la pista, y en un momento él, de un brinco, arrancó uno de los muchos soles que había y me dijo: “Toma, para que nunca digas que nadie te bajo el sol y te lo regaló….”; en ese momento, me sentí la mujer más especial del mundo, era sólo un sol de plástico, pero creanme cuando les digo, que todos los días me lo vuelve a regalar.....
Como esta tengo infinidad de historias, de cuando éramos nada mas que amigos, de cuando empezamos a ser algo más que amigos y, luego, durante todos estos años juntos. Prometo tratar de ir escribiéndolas, mientras las recuerde, para luego, algún día, compartirla con ustedes.
Hasta la próxima....

domingo, 24 de enero de 2010

Aquellos maravillosos años....

Ayer en la tarde, mientras trabajaba en el ordenador, hablé con mis hermanas por el msn; iban camino al supermercado junto a mi madre, por lo que surgieron los temas relacionados a los "grandes viajes con mami al supermercado", y entre mensaje y mensaje, me enviaron esta foto.
Durante muchos años fui la compañera de aventuras de mi madre, dentro de este gran establecimiento; tendría yo entre 12 y 15 años, cuando me tocaba acompañarle a realizar la compra del mes. Este "viaje" lo hacíamos un sábado al mes; El supermercado nos quedaba justo enfrente; en ese entonces, vivíamos en la Av. 27 de Febrero, esq. Av. Abraham Lincoln, donde está hoy Lincoln Center. Partíamos juntas, hacía el otro lado de la calle, mas o menos a las dos de la tarde, yo sabía a la hora a la que llegaba, nunca a la que saldría de allí.
Nuestro recorrido empezaba por el pasillo de los panes, mami miraba y miraba cada bolsa, cada marca, cada precio, y, al final terminaba escogiendo uno, dos o tres, depende, que según ella estaban mejor que todos los otros; en este mismo pasillo estaban los enlatados: latas de habichuelas, maíz, guandules, etc., iban entrando al carrito de seis en seis, eso sí, las de más atrás y que no estuvieran abolladas. Seguíamos el recorrido en este mismo pasillo, donde casi al final estaban los tomates, plátanos, zanahorias y al final la leche: "Mari, coge doce contenes de leche...."; aquí, mientras yo entraba la leche, ella estaba un buen rato escogiendo los mejores tomates, zanahorias, etc...., en cuanto a los plátanos, no importa la cantidad que hubiese en el lugar, ella los miraba todos, los observaba todos e iba escogiendo, uno a uno, los más grandes y bonitos, hasta llegar a cien; si tenía que "emburujarse" con una mano de plátano, porque ésta tenía un plátano más pequeño, o por el contrario, tenía un hermoso plátano verde, que bien podría posar para un bodegon, la lucha siempre la ganaba la mami, ya sea para apuntarle el diminuto plátano o para que el grande y hermoso entrará en el carrito de "Doña Yolanda". Así, en este pasillo, nos servíamos de las mejores verduras y las mejores frutas y tubérculos.
Nuestro recorrido continuaba, por los diferentes pasillos, y nuestro carrito se iba llenando de jugos, leche, ketchup, mayonesas, papel sanitario, etc., suficiente para un mes y para cuatro adultos y tres niñas; para cuando llegábamos al área de los huevos, nos encontrábamos en la mitad de nuestro recorrido, y estábamos justo antes de llegar a las carnes; aquí también nos tomábamos gran parte del tiempo: No cualquier huevo era digno de ocupar un lugar en el carrito de mi madre, por lo que ella se paraba, y mientras yo observaba, ella iba haciendo un nuevo "lay out" con los paquetes de huevos, ella, entre tooooodos los cartones de huevos, escogía los mas grandes y los más limpios; lo dicho, no cualquiera podía llegar al carrito de la mami, creo que por esto es que, años mas tarde, en el SN decidieron cerrar los cartones de huevos de manera que ninguna Doña Yolanda hiciera de las suyas en este lugar.
Para este momento, ya el carrito desafiaba peligrosamente la gravedad, pero no habíamos llegado al momentazo carne: Era aquí cuando mami me decía: "Teresa, ve y busca otro carrito", y empezaba la maravillosa aventura de ver cómo ella cogía cada paquete de carne, y bajo no sé bien que concepto, iba poniendo dentro: pecho, roti, carne de bola, bistec, chuleta, costilla, pollo entero, por partes, pechuga de pollo, mulos de pollo, carne molida y sin moler; en fin carne de todo tipo y la mejor de todas, así el segundo carrito, en cuestión de mas o menos una hora, estaba casi en las mismas condiciones que el anterior: desafiando las reglas de la gravedad.
A estas alturas, ya estaba cansada, eran casi las seis de la tarde, pero faltaba el momento queso-jamón; aquí íbamos al área de "Delicatessen", esperábamos nuestro turno, y: "2 libras de jamón cocido El Caserio, y dos libras de queso Gouda Danes, en lonjas, por favor", esto nos tomaba, mas o menos media hora, en lo que llegaba nuestro turno y en lo que nos despachaban.
Ya el "paseo" por el super estaba llegando a su fin. Sólo nos quedaban unos pasillos en los que nos deteniamos mas a ver que a comprar. Para cuando llegábamos a pagar, eran alrededor de las ocho de la tarde, y yo estaba realmente cansada, era cuando, entonces, ella subía a la panadería y compraba un ciento de churros, que era el premio para el que había estado con ella y para los que quedaban en casa y que luego tendrían que colocar la pequeña gran compra que habíamos hecho durante toda la tarde de un hermoso y soleado sábado.
Antes de pagar, ella avisaba al Señor Alvarez, que le mandara a buscar el saco de arroz y el saco de patatas, que previamente había mandado a empacar cuando llegamos a las dos de la tarde. Aquí comenzaba otra aventura, porque ella y el o los muchachos que empacaban tenían que trabajar hombro con hombro: "el pan para el final; los huevos, no se te vayan a romper los huevos, muchacho que te mato; los tomates, que no se machuquen los tomates; espera, eso ahí, no!, pon esto allí y aquello aquí,....en fin, que siempre le tuve una profunda admiración a estos empleados, porque a mí, sinceramente, me ponía de los nervios, alguna vez temí que alguno de ellos le fuese a decir algo; pero eran buenos, y creo que le llegaron a cojer cariño.
Había llegado el gran momento de entrar todo eso en el coche, un Chevy Nova del 68 (nada pequeño), esto se convertía en otro nuevo desafío, porque a decir verdad, necesitabamos una camioneta, pero ella hacía magia y todo entraba en nuestro "Bartolo", eso sí, llevábamos bolsas hasta en la cabeza; yo iba sentada pegadita a la puerta, con los cartones de huevos en las piernas, respirando lo justo, para que no se fuera a romper ningún huevo, y porque si respiraba profundo, era capaz de salir disparada por la puerta, que ya habíamos cerrado con bastante trabajo, porque lo que no cabía en el maletero, iba delante con nosotros.
Para cuando salíamos del super, eran las ocho de la tarde, y todavía faltaba desmontar la compra, que por menos tiempo que nos llevará, también nos tomaba un buen rato. El colocarlas en su lugar era cosa de "ellas", ahí nunca me metí. Sólo sé que teníamos dos neveras y dos congeladores, y cual de los dos estaba mas lleno. De hecho, hoy no abro mucho la nevera de mi casa, porque, creo que he quedado "chocada", porque en aquellos tiempos no abría la de casa de mi madre, pues había que mover tantas cosas, que mejor no tomaba agua ni comía nada. La despensa siempre estaba llena de de todo, en grandes cantidades. La verdad es que eramos muchos, pero también siempre fueron tantito exageradas, producto de una mezcla jugosa de una italiana y un gallego, que a cual de los dos le gusta más comer bueno y mucho.
En estas tardes de supermercado, más de uno se quedaba patidifuso viendo la cantidad de comida que llevábamos; hubo alguno, que incluso, llego a preguntarnos que si teníamos un negocio, a lo que mami le dijo: "No, doña, eso es para mi casa. Pero, para que tengan una idea más clara, si es posible, de este asunto: cuando aún viviamos en la Calle Santome, e íbamos al SN de "La Mella", que nos quedaba, también al cruzar la calle, era yo muy pequeña, y mis hermanos estaban en edad de compotas o potitos (como dicen por estos lados), mi madre compraba tres cajas de 24 de las mismas: 24 de frutas, 24 de verduras y 24 de carnes....¿podía un niño de esa edad engullir tanta cómpota???.....No lo sé.
En una ocasion, en una amaneza de ciclón, un periódico le tomo una foto y la sacó, en primera plana, poniendo a pie de foto: "Aquí una muestra de cómo se abastece la gente ante la amenaza del Ciclón X", y salia mi madre detrás del carrito y lo primero que se podía ver era una gran lata de leche en polvo marca Nido"; lo que no corroboro el periodista fue que esta Señora no se estaba "abasteciendo" para el ciclón, estaba haciendo la compra normal de su casa. Hablando de ciclones, cuando uno de estos amenazaba con tocar la isla, ella misma se encargaba de llamar a "las muchachas", sus primas, para decirles que no fueran a comprar nada, porque: "yo hice la compra el sábado, y tengo el frizer lleno de carne y la despensa llena de latas". Osea, antes que el ciclón se formara, ella ya estaba preparada......
.....Flobre no entiende muy bien porque a mi no me gusta hacer la compra, cuando para la mayoría de las personas esto es una aventura, pero yo es que ese tipo de aventuras ya las viví, y lo mío fue "aventura extrema". Ya las cosas han cambiado mucho, ya no somos tantos, y ya no hay tanto lugar donde guardar tanto alimento, ya no vivimos en la "la casa grande de la Lincoln", ahora viven en el apartamentico de la Jose Contreras; la compra ha bajado bastante, pero igual sigue siendo un verdadero "pasa tarde" ir con mi madre al supermercado, ya no voy yo, les dejé este pasa tiempo a mis hermanas.
Es bueno aclarar, que cuando a mi o a alguna de mis hermanas nos mandan a comprar plátanos, aguacate, tomates, patatas o cualquier cosa que no venga previamente empacada, nunca lo encontramos, no porque no haya, sino porque ni nos acercamos a buscarlos; y es que nunca lo compramos a gusto de ella: "eso esta muy chiquito"; "¡te engañaron!"; "¡jmmm, si soy yo no compro eso..."; en fin que mejor no compramos nada y le decimos: "....fuimos y no había nada de nada...." y nos evitamos el momento, "Yolandita".....
En honor a los días en que me tocó ir de compras con mi madre, puede que en este relato me haya quedado corta en alguna ocasión, o bien haya exagerado lo mio; recuerden que ya han pasado años desde aquello, era yo muy pequeña, y las cosas vista desde los ojos de una niña, siempre son más grandes o más difusas.
Gracias, Angie y Tita, por enviarme la foto, porque me hizo volver a "aquellos maravillosos años" cuando me tocaba "¡¡¡Tarde de super con mami!!!"; y un beso para, mi Yolandita, quien alguna vez llegó a sentarme por un bajón de azúcar, en una de estas tardes. Recordar es volver a vivir!!!!....
....Hasta la próxima!!!

domingo, 17 de enero de 2010

Un día de lluvia en la memoria.....

Aún recuerdo aquel día, y pasarán muchos años antes que se me borre de la memoria; estará ahí grabado con fuego, creo, hasta el fin de mis días. Ya era la hora, ya todo estaba empacado, ya los niños estaban listos y ya los coches esperaban fuera, todo estaba listo; todo, menos yo…. No estaba preparada para tomar ese avión, dejaba muchas cosas atrás, mi vida entera, personas a las que necesitaba y a las que amo; atrás dejaba a mis padres, mis hermanas, sobrinos y todo lo que habían visto mis ojos hasta ese momento. Dejaba atrás 35 años. Recuerdo que de camino al aeropuerto me tocó ir con mi hermana en su coche, íbamos la pequeña y yo; comenzó a llover fuerte, tan fuerte que me dije: y si no podemos despegar, y si se suspendiera el vuelo. Seguía absorta en mis pensamientos mientras mi hermana me hablaba de no sé que tienda de ropa, aquí en España, mientras, yo seguía pensando: "si se cancela el vuelo, ni Dios hace que me vaya de aquí". Me agarraba a cualquier cosa, fe, esperanza de que no pudiéramos marchar, de que nunca subiéramos a ese avión. Llegamos al aeropuerto, y los minutos pasaban, mientras yo pedía un milagro, que se detuviera el tiempo, que cancelaran todos los vuelos, que mi pasaporte estuviera vencido; que se yo cuantas cosas pedí, pero el momento se acercaba irremediablemente. Ya nos habíamos hecho el check in, y solo faltaba pasar la puerta de migración. Recuerdo que la última persona con la que hable fue con el tío Mundo, me despedí entre lágrimas y terminé la llamada. Me abrazaba a los míos buscando que no me dejaran marchar, esperando, vuelvo y repito un milagro. Había llegado la hora, me despedí entre sollozos, me dejé registrar llorando, embarqué llorando y estuve ocho horas de vuelo llorando, pidiendo fortaleza y tratando de entender, aceptar y asimilar lo que estaba sucediendo. Cuando llegue a Madrid, ya estaba mas tranquila, resignada diría yo; aquí tocaba hacer el transbordo hacia Asturias, donde me esperaba “mi familia”. Cuando llegué a Asturias, ya de camino a la casa materna de mi padre, mi destino final, tuve la terrible sensación de ser muy pequeña en un país muy grande y de estar muy sola.
Llegamos a la casa paterna y me recibieron con los brazos abiertos, me abrieron las puertas, esas misma que luego cerraron. Fueron días muy difíciles, fueron momentos muy delicados, lloré y lloré y lloré, y todavía sigo llorando, ya no tanto, ya no tan frecuente; ahora entiendo a mi abuelo y a mi padre, cuando viendo una noticia de su país, se le cristalizan los ojos por las lágrimas.
Aún sigo sintiendo que este país es muy grande y que sigo muy sola; aún sigo teniendo la sensación de que, tal vez, nos equivocamos al dejar tanto atrás; aún sigo pensando que, quizás la solución era otra; pero aquí estamos y es inútil vivir en el pasado, debemos mirar hacía adelante y avanzar con pasos firmes; es lo que trato de hacer cada día desde entonces. Tengo a mis hijos, y tengo a Flobre, ellos son mi vida, mi todo, la razón de todo, los que hacen que me levante cada mañana y mire al sol; pero debo decir que si tuviese la oportunidad de cambiar los hechos, sin duda lo haría. Salimos buscando un futuro mejor para nuestros hijos, y lo hemos conseguido, mentiría si dijera que no; pero en el camino dejamos lo verdaderamente importante: el cariño, el calor, los amigos, la familia. En honor a aquella tarde, en la que me despedí de los míos.....