jueves, 13 de agosto de 2026

Total Eclipse of the... Sun?



Eclipse Total Vs. Asturias Paraíso Natural

Ayer 12 de agosto, en Asturias íbamos a poder vivir, a ver, como hace muchos años no se veía, un eclipse total de sol. ¡Qué emoción tan grande! ¡Qué ilusión, y qué privilegio! El último se había visto en 1912 y este se vería en Asturias al 100%, es lo que tiene vivir en el paraíso, decían algunos.

Empezó la maquinaria a trabajar, los de las gafas a vender y regalar, los hoteles a ofertar habitaciones, los airbnb a hacer su “agosto” literal. Hace más de un mes estaba todo lleno, no había alojamiento y algunos llegaron a pagar hasta 1000 euros la noche. Venia gente de todas partes, dentro y fuera de España, solo para ver el eclipse, felices, ilusionados. Yo, viendo las noticias hace seis meses y este despliegue y esta parafernalia montada alrededor de este fenómeno, solo decía “ya verás tú que risas cuando Asturias decida estar nublado…”

Desde hace meses los medios, a través de la televisión y las redes sociales informaban, una y otra vez, cómo ver el eclipse. Dónde ver el eclipse. No verlo, de ninguna manera, sin las gafas. En qué momento, durante el eclipse, podíamos quitarnos las gafas para verlo. Cómo tirar fotos desde el móvil, recomendación a parte de protegerlo con unas gafitas. Qué hacer y qué no hacer. Cómo hacerlo. Reuniones en hospitales, clínicas y centros de salud, porque siempre hay uno o más de uno que no hará caso, se quitará las gafas y lo verá "frente a frente" que "pa´eso soy asturianu". Cábalas, presagios, incluyendo una recomendación de Miguel Bosé de no verlo, porque ya los antiguos decían que no era de buena suerte.

Hace 15 días, las gafas para ver el eclipse estaban agotadísimas y, hace una semana, salió la noticia de que algunas de estas gafas, unas compradas y otras regaladas, no cumplían la normativa, porque no era el ISO tal o cual. Consecuencia se retiraron un buen número de ellas y, claro, ahora había que buscar otra que sí cumplieran con esas normativas. Total, que el día anterior al eclipse estaban los asturianos en busca de las gafas perdidas, pero, como dije más arriba, estaban agotadísimas. No había ni en el bazar chino, y eso ya es decir. En mi casa, sin preocupación alguna, porque teníamos los cuatro, que no las habían regalado y comprobación una y comprobación dos, las nuestras sí que eran de las buenas.

Venía el otro tema ¿Dónde verlo? Porque, por supuesto, no se iba a ver en cualquier sitio, ni desde cualquier parte de esta nuestra tierrina. Empezó otro despliegue de información “Los mejores lugares dónde ir a ver el eclipse en Asturias”. El balcón de mi casa no salía en ninguno de ellos, ni en ningún mapa publicado para la ocasión. El día antes, 11 de agosto, día de mi cumpleaños, mi vecino de almohada y marido, a las 18:30 parado en el balcón, observando, midiendo, analizando, comprobando, que, efectivamente no, los medios tenían razón y por algo nuestro balcón no salía en ninguna parte como “lugar de privilegio para ver el eclipse”. Empieza, entonces, Google Maps en mano, la búsqueda de dónde ir a verlo. Mientras más alto mejor, claro. Total, que, a las seis y media de la tarde, con el sol afuera y gafas en mano, nos subimos al coche y arrancamos hacia dónde nos decía el gulu-gulu que fuéramos. Nos perdimos. Nos encontramos. Aparcamos el coche. El sol afuera, entre nubes, pero se veía. “Desde aquí lo vemos perfecto”, dice mi vecino de almohada. “Pues aquí nos quedamos”, convenimos todos.

Lo que vino después fue la crónica de una muerte anunciada. Literal. El “ya verás tú qué risas cuando Asturias decida estar nublado” se hizo realidad. Las nubes taparon el sol, la niebla empezó a caer; una bruma, un no ver nada, un darte cuenta de que ni una mie…da íbamos a ver el eclipse. Las gafas no salieron ni del plástico en el que venían. Nos dimos un paseín, pérdida incluida. Sí. Conocimos gente que, como nosotros, también subieron a ver el eclipse. Sí. Que nos echamos unas risas y nos dijimos unos a otros: “esto ye Asturies”, como queriendo consolarnos. Sí.  Que volvimos como decía el Chavo del Ocho “como el perro arrepentido, con su mirada tan tierna, con el hocico partido, con el rabo entre las piernas”. Absolutamente sí. Abandonamos el lugar y regresamos por el mismo lugar que habíamos subido, con menos ilusión y con la sensación de que Asturias nos la había vuelto al liar.

Debo decir dos cosas. Primera, sí que hubo zonas de Asturias donde sí pudieron disfrutar de este fenómeno único, impresionante y tan lleno de magia como de misterios y cábalas a partes iguales, pero saber a ciencia cierta en este paraíso natural dónde íbamos a poder verlo era una completa rueda de la suerte. Segunda, es cierto que el eclipse no pudimos verlo, ni disfrutarlo, ni vivirlo, pero todo lo que lo envuelve antes, durante y después, sí que pudimos apreciarlo: la bajada de temperatura, los pájaros cómo se revolvieron en un momento determinado, cómo los animales sentían que “algo” estaba pasando y, sobre todo, la manera en cómo oscureció y volvió a la claridad en cuestión de un minuto fue, para mí, impresionante y como decía mi abuela, mujer vieja y sabia, el que no se consuela es porque no quiere. Así que me quedo con eso: con la sensación de haber vivido algo mágico.

Ahora nos queda programar ir a ver el del 2 de agosto de 2027, que dicen, será más largo y, dicen, que se va a poder ver al 100 % en la parte sur de España: en Granada, Cádiz, Málaga… esperemos que ese día, en esa región, no esté nublado, ni lloviendo, ni nevando.

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